Por Julio Sánchez
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Día martes 22 de octubre. Gastón Santibáñez, de 50 años, termina pasadas las tres de la tarde su jornada laboral. Es maestro carpintero y, por las calles de Concepción, encumbra rumbo a su pequeña pieza que arrienda en las cercanías del centro de la ciudad. Viste jeans oscuro, polera azul clara y zapatillas. En su mochila “llevo mi ropa de trabajo”, explica.

Es día de protestas y no solo en la región del Biobío. A lo largo del país, multitudes salen a las calles a pedir cambios sociales profundos al Chile actual. Ajeno a eso, Gastón camina buscando una caja vecina donde sacar dinero. “Justo cuando venía llegando a calle Paicaví me encontré con una turba de manifestantes que venía protestando, peleando”, dice. Allí comenzó el calvario que hoy lo tiene con movilidad reducida y prácticamente sin dinero.

El video que indignó

Son dos los soldados que aparecen. Ambos, portan fusiles, acompañados de la vestimenta propia de combate. Detienen a una primera persona y otra camina siguiendo la instrucción del uniformado. La situación se ve bajo control. El civil demuestra obedecer las órdenes, hasta que llegan al costado de un árbol.

Alguien graba todo el momento con su celular desde un balcón. Ninguno de los actores se ha dado cuenta. De un momento a otro, a quemarropa, aproximadamente a un metro y medio de distancia, el disparo emerge punzante y destructivo desde el fusil. El soldado abrió fuego en dirección a la pierna de Gastón Santibáñez, que cae, se retuerce en el pasto y grita de dolor.

Hay una señora que grita: ‘¡militares, militares!, aquí está el joven’ y me apunta con la mano. De arriba, empiezan a apuntarme a mí, y ahí me agarran y yo les digo: ‘oiga, yo no estoy haciendo nada malo’”, relata Gastón, en su primera entrevista concedida a la televisión abierta nacional.

Según su relato, mientras regresaba a casa y al encontrarse con una manifestación, atinó a esconderse. Dice que se asustó y buscó resguardo. Una vecina del sector lo apunta y se los muestra a los militares, acusándolo de ser integrante de quienes participaban de la protesta.

Quise tratar de explicarle que no estaba haciendo nada mal, y quería mostrarle la ropa de trabajo que traía en la mochila, pero ahí fue cuando él me disparó”, explica el carpintero.

Sangrando a la deriva

Tras el disparo en su pierna, Gastón Santibañez se quedó un buen rato a su suerte. Los transeúntes reclamaban contra los uniformados por no darle atención médica al herido. La discusión fue subiendo de tono, hasta que una persona llamó a una ambulancia.

Lo único que sentía es que corría la sangre y que se arrastraba por el suelo”, cuenta Gastón. Pasó más de media hora, según dice, antes de que alguien llegara a prestarle primeros auxilios.

Pero la historia no terminó ahí. Recuerda que un militar se acercó a él y, temiendo las consecuencias mediáticas de lo que había ocurrido, le dijo al oído y en tono desafiante: “Si te pregunta la prensa algo o cualquier cosa, tienes que decir que te caíste. De lo contrario, tendrás problemas”.

Días después, el uniformado, identificado como Héctor Herrera, fue detenido y formalizado por el ministerio público por apremios ilegítimos. El juez de garantía le concedió la libertad, pero días después la Corte de Apelaciones de Concepción revocó esa orden y lo envió a prisión preventiva.

“Somos todos hermanos, somos todos personas, somos seres humanos. Estamos luchando por una causa, no de esta manera, y eso es lo más terrible de todo y eso yo le dije a él. No quiso mirarme a la cara y yo le dije: ‘yo te perdono, pero es injusto lo que hiciste, hijo’. Abusaron del poder que tienen”, cuenta Gastón.

Hoy, este carpintero lucha por recuperarse, aun con varias de las municiones en su pierna, con sangrados constantes y casi sin dinero, producto de su movilidad reducida. No puede trabajar y está ad portas de perder el arriendo de su pieza.

Caso 2: Secuelas por transmitir en vivo

19 de octubre. La avenida Los Libertadores de la comuna de El Monte, situada a 50 kilómetros de Santiago, se sumerge en una densa neblina de lacrimógenas que hacen no solo irrespirable el lugar, sino también poco visible.

Por un lado, un grupo de manifestantes. Por el otro, Carabineros y funcionarios de la PDI dispuestos a usar su armamento. Allí, entre el tumulto de piedras cayendo como lluvia en los cascos de los uniformados, y los sonidos ensordecedores de disparos policiales que siguen uno tras otro, Héctor Pérez Catalán, de 42 años, saca su teléfono, abre la aplicación de Facebook y comienza a transmitir por streaming lo que ocurre. Un reportero ciudadano en la escena noticiosa, sin saber que la noticia, sería él mismo.

Hace unos meses atrás, Pérez Catalán formó parte de una serie de reportajes de CHV Noticias, como reciclador de base destacado. Su labor significa un aporte sustancial para generar la economía circular que el planeta hoy exige, bajo el contexto de contaminación y calentamiento global en el que se está inserto.

Lo que el reciclador hace es un trabajo para todo el mundo, no solo para uno, ni para mí, ni para mi familia. Es para todas las generaciones que vienen detrás de uno”, explicaba en septiembre de este año.

La agresión

Un saludo para todos, aquí estoy transmitiendo en vivo”, dice Pérez al comienzo de su video, que dura casi 20 minutos. “El pueblo se cansó y se está manifestando”, grita minutos después, mientras enfoca a un piquete de uniformados en la esquina. Conforme avanza el registro, se ve a Carabineros retroceder. Los manifestantes avanzan, hasta que un pequeño grupo de personas portando casacas de la Policía de Investigaciones entran en escena. Pérez, sigue grabando, hasta que notan su presencia y corren para detenerlo. “Me trataron como a un perro”, cuenta.

En la imagen se escucha que le dicen: “Ey, caballero, que está haciendo acá”. Otra voz grita: “Sal de acá, no ves la cagá que está quedando”. Se aprecia que comienzan a perseguirlo, mientras Pérez huye. Dice que siente un golpe en la cabeza y en el video se escucha que él exclama: “Uy, qué andan pegando, me están pegando”. Una voz le responde: “Sal de aquí conchetumadre”. Pérez, sigue gritando, con voz de auxilio: “Me están pegando, me están pegando, loco”.

El registro logra evidenciar que algo le están haciendo. Se mueve, y no enfoca nada coherente. Luego, se corta la transmisión. “Caigo al suelo, y me empiezan a golpear por donde le caiga. Golpes de pie, de palos, en el cuerpo, me pisan la cara y esa es una cosa que nunca, nunca se me va a olvidar”relata.

Las secuelas

Tras la agresión, Héctor fue fotografiado y grabado por familiares. Aquellas imágenes, dan cuenta de las graves heridas que dejó la golpiza. “Fractura nasal, epistaxis secundaria, fractura anterior seno frontal izquierdo”, dice su ficha médica, tras ser atendido en el hospital de Talagante.

“Fue una cuestión que….uff, recordarlo me llena el estómago de…”. Se le quiebra la voz. Según dice, presenta pérdida parcial de la visión de su ojo izquierdo, que fue donde más le pegaron mientras estaba en el piso.

Y la golpiza no fue lo único. Así lo relata: “A parte de que te pegan, me roban. Me quitaron mi teléfono, desapareció. Mi hermano el otro día fue a buscarlo y no estaba”.

Omar Cabrera, abogado de la Corporación de la Defensa de los Derechos del Pueblo, asumió la representación de Héctor y ya presentó una querella. Expresó que “aquí la policía, ya sea uniformada, civil o militares, actuaron de forma desproporcionada. Y ha sido un modus operandi reiterativo parecido. Creemos que hay instrucciones de proceder en esa dirección”.

Respuesta de la PDI

Ante estas denuncias, solicitamos a la Policía de Investigaciones una versión de los hechos, los que declinaron referirse específicamente a este caso, ya que dijeron no tener antecedentes ni haber sido notificados de la acción legal.

Sí habló Carlos Yáñez, prefecto general y subdirector nacional de Investigación Policial y Criminalística de la PDI, miembro del alto mando. Expresó que, si bien no conoce el caso puntual, “le aseguro y le insisto que todas nuestras actuaciones están siempre enmarcadas en la legislación vigente y conforme a derecho”.

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