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Cuando llega un brote a una residencia, el panorama se pone de color oscuro. No te ayuda nadie”, dijo Mario Melin, representante de los Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (Eleam) de la Región Metropolitana. De hecho, de las residencias de ancianos proviene una de cada cuatro personas muertas por COVID-19 en nuestro país.

Si bien se contaba con la experiencia de lo que sucedió en Italia, España y otros países, Melin sostuvo que “nosotros, al igual que el país, no estábamos preparados para esta pandemia. Hay que ser bien realistas y tampoco lo estamos. Cada día nos entregan nuevas informaciones que las vamos desarrollando en las residencias para poder evitar los contagios, pero, en general, nunca hemos estado preparados”.

Quedaron solos y solas

Son más de 900 los Eleam que cuentan con resolución sanitaria. A ellos se suman los informales. En ambos viven adultos mayores que por diferentes circunstancias llegan a estos lugares, como la mamá de Cecilia, quien fue internada tras ser diagnosticada con Alzheimer.

Cecilia visitó el Hogar España en Santiago a la espera de recibir noticias de su madre. Paga $450 mil mensuales para que Herminda pueda recibir los cuidados que requiere, pero, lamentablemente, se contagió con COVID-19.

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A muchos les escuché el cliché que los abuelitos son lo más importante, pero yo no veo eso, no lo evidencio con lo que vivo con mi madre y con el dolor que han sufrido otros apoderados que han visto morir a sus padres. Han dejado solos a los dueños de los hogares y solos a los abuelitos”, cuestionó Cecilia.

Tanto en instituciones públicas como privadas la carga de la pandemia ha sido devastadora: su personal dice ser la primera linea que nadie ve. “Esto ha cambiado la vida de muchas personas, pero yo echo mucho de menos a mi familia, pero aquí me recompenso con ellos“, sostuvo una trabajadora de la residencia Casa Senior.

“Son valientes, porque no le tienen miedo al coronavirus. Ellas han jugado un papel aquí fantástico en la ayuda que nos han dado”, agradeció uno de los residentes.

Falta de personal y falla en los protocolos

Mario Melin aseguró que “los protocolos que tenemos debemos adaptarlos a la realidad que tenemos” y que si bien hay residencias que han instalado zonas de aislamiento, en otros sencillamente no se puede, sostuvo.

Actualmente el 50% de los centros Eleam privados afrontan un brote por COVID-19, la otra mitad sigue resistiendo. En algunos casos, incluso, sin elementos de protección personal. Reconocen que por sus altos costos se escapan de los presupuestos.

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Si bien el vocero de Eleam indicó que le hubiera gustado poder haber llegado a algún acuerdo para obtener elementos de protección, a tres meses de desatada la pandemia lo ve improbable. Y eso ni siquiera es lo más complejo: “Conseguir personal para ese recambio es súper difícil”.

Desde la primera semana de marzo se han realizado 151 fiscalizaciones en los Eleam de la Región Metropolitana, los que suman 436 en la capital. De ellos, 103 quedaron con sumarios sanitarios. Algunas de las infracciones más comunes son la falta de conocimiento de los protocolos.

Luisa González, jefa de profesiones médicas en la Seremi de la RM, señala que “hubo y hay desconocimiento, porque la gente entra y vuelve a salir por el mismo lado. La vestimenta va pasando por todos y hay una contaminación cruzada”.

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Las autoridades replicaron que varias semanas antes del primer contagio en marzo ya se habían establecido los protocolos que debían aplicar todos los Eleam. Octavio Vergara, director nacional de Senama, aseguró que “entregamos elementos de protección personal”.

Agnieszka Bozanic, presidenta de la fundación Geroactivismo, apuntó que “hay que hacer el mea culpa y señalar que existía la evidencia de Italia y España y no se tomó en cuenta”.

Las grandes víctimas de esto van a ser y seguirán siendo los abuelitos, a los únicos que les pasaron la cuenta es a ellos”, lamentó Cecilia Galleguillos. 24 horas después de hacer esta entrevista, su madre falleció dentro de un hogar.

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