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“Soy Tegualda Inostroza y estoy siendo investigada por narcotráfico”.

Así de fuerte es leerlo, así lo es también para ella. Tegualda sigue un tratamiento contra la depresión desde los 17 años. Gastó una fortuna en medicamento, pero hace un par de años conoció la marihuana, la que cambió su vida, por lo que decidió comenzar un autocultivo.

“¿Tienes alguna idea de lo que es eso? Tienen que parar”, pidió Inostroza quien dijo que ha estado con tratamiento con autodepresivos toda su vida usando drogas controladas, pero que “cuando ya no podía tolerarlas, el cuerpo las devuelve y se produce la abstinencia por medicamentos, yo esperaba la muerte“.

Esto, cambió cuando comenzó el tratamiento con cannabis. sin embargo, sus vecinos, alertados por las plantas, decidieron poner en el alerta a Carabineros.

“En mi vida había visto una cosa así, buscándome con nombre y apellido en mi casa. Se querían llevar las plantas. Y yo no tengo nada que ocultar, si esto es lo que me permite seguir con vida, es mi medicamento“, sostuvo. Pero ella no es el único caso.

Winny Protasowicki tiene un hijo diagnósticado con epilepsia refractaria y un síndrome genético no determinado. Producto de esto, ha vivido sufriendo hasta 10 convulsiones al día, las que gracias a la marihuana se redujeron a una diaria.

Yo fui denunciada. Aquí llegó Carabineros. Venían por una denuncia de tenencia de plantas y que tenían que entrar. No, les dije yo. Les pregunté si tenían una orden y no la tenían entonces cuando la tengan, yo los dejo entrar”, comentó la mujer que finalmente fue absuelta por la Fisacalía.

En la misma línea añadió que “nunca tuve miedo, porque para mi esto no es malo, no estoy matando a nadie ni perjudicando a un tercero por el bienestar de mi hijo”.

Ambas mujeres fueron investigadas, ambas recibieron a carabineros en sus hogares. ¿Por qué? Por usar marihuana medicinal.

La actual Ley 20 mil determina que es lícito el autocultivo y, de existir un procedimiento policial o investigación del Ministerio Público, se puede incautar las plantas hasta que no se demuestre que son realmente para consumo personal y no para su comercialización.

Precisamente es esto lo que organizaciones como Fundación Daya quieren cambiar en el Código Sanitario, para mantener la presunción de inocencia y así no interrumpir el tratamiento de los pacientes.

Según Ana María Gazmuri, directora ejecutiva de Fundación Daya, el problema está en que “generalmente ocurre que en el proceso judicial, al que son sometidos los pacientes, se termina demostrando que es un uso medicinal y que era un cultivo correcto, pero a los pacientes sus plantas fueron incautadas y destruidas”.

“Por lo tanto se ven privadas de la materia prima durante un año. Y eso atenta gravemente contra el derecho a la salud y a la vida de los pacientes”, detalló.

Hace un año se aprobó la Ley Cultivo Seguro en la Cámara de Diputados, la que busca resguardar el derecho al autocultivo con prescripción médica. Actualmente la iniciativa se encuentra estancada en la Comisión de Salud del Senado.

Cada día que se demora la aprobación de esta ley cada día son miles y miles de pacientes, usuarios de marihuana medicinal corren el peligro de ser tratados como delincuentes. La verdad nos cuesta entender qué pasa que todavía no se retoma en el Senado” menciona Gazmuri

Pero así como estos casos han sido evidencia de la constante mejoría gracias al uso de cannabis medicinal, su uso también ha sido motivo de debate.

Para Carlos Ibañez, jefe de la Unidad de Adicciones de la Clínica Psiquiátrica de la U. de Chile, el proyecto de Ley de Cultivo seguro es peligroso, ya que asume efectos terapéuticos que no están probados, desconoce efectos negativos y genera acceso masivo a una sustancia que cataloga como peligrosa.

“Asume efectos terapeúticos que, aunque existen evidencias individuales positivas, es muy precipitado pensarlo como política pública. Si a una persona le hace bien el veneno del alacrán, por ejemplo, para alguna enfermedad que tenga y reporta esa experiencia positiva, no se significa necesariamente que se puede extender a todas las personas que tengan cáncer”, señala Ibañez.

El 72% de los chilenos considera que la marihuana tiene un valor medicinal, especialmente para las personas con alguna enfermedad, ya que aseguran que los alivia.

La discusión no es sencilla. Por un lado están los pacientes que encontraron un alivio en la cannabis, por el que están dispuestos a correr el riesgo de ir a la cárcel. Pero por otro, está la ley entrampada en el Congreso y la mirada de los escépticos que ven un relajo en el control de una droga cuyo consumo sin regulación entre los jóvenes puede ser dañino.

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