Por Camila Torres
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Esta es la historia de un vuelo de terror. Todo comenzó a las 13:28 pm. El 18 de marzo del 2018, un vuelo de JetSmart desde Antofagasta con destino a Santiago, sufrió una serie de turbulencias, pero no se trataba de un problema en el exterior, sino una falla técnica del avión.

“A los 20 minutos del vuelo, el avión tuvo una falla”, recuerda Felipe Guzmán, pasajero de la segunda fila.

Dice que preguntó a la asistente de vuelo qué ocurría, sin embargo no tuvo respuesta. Según su testimonio, el capitán anunció por alto parlante que debían devolverse al aeropuerto de Antofagasta, por lo que el avión retrocedió, pero ese era solo el inicio de un largo mal rato.

“No sabían a qué hora nos podían mandar a Santiago”, añade. Palabras que eran el reflejo de la incertidumbre de los 95 pasajeros de ese vuelo. Según Felipe, la espera fue eterna, estuvieron 11 horas en el aeropuerto sin una solución. Pudieron embarcar un nuevo avión cerca de las 12 de la noche.

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Todos los pasajeros sintieron alivio por llegar a destino, pero todo tendría consecuencias legales.

Felipe Guzmán y otros 14 pasajeros se organizaron para presentar una querella en contra de la empresa. En una primera instancia, el juzgado de policía local de Antofagasta la desestimó. Lo anterior, fue revertido en la corte de apelaciones.

Según el ministro Oscar Clavería, vocero corte de apelaciones de Antofagasta, “el desperfecto del avión no es un caso fortuito, porque proviene de una falta de diligencia, lo que significó ordenar la indemnización“.

Se ordenó a la empresa pagar a los pasajeros demandantes $8 millones y medio. Una iniciativa legal que fue apoyada por el Sernac con un equipo jurídico que participó del proceso. El director del Servicio, Lucas Del Villar, valoró el fallo judicial señalando que “es la empresa la que debe responder a esos consumidores indemnizándolos”.

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Desde JetSmart declinaron referirse al fallo, que además ordena el pago de una multa de 50 UTM, o sea, $2 millones y medio por infringir la ley de protección de derechos del consumidor.

Para Felipe Guzmán este “es un fallo excelente que crea precedentes. Nosotros frente a las empresas no somos objetos, somos personas y merecemos respeto“.

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