@julietamartinez0

Julieta Martínez es la Fundadora de TremendasCl, red que conecta y potencia el talento de niñas y jóvenes con causas de impacto social y es co-fundadora de Latinas for Climate, red internacional de jóvenes feministas por la justicia climática interseccional en América Latina y el Caribe.

A sus 12 años partió con su activismo relacionado a temáticas feministas, medioambientales, de innovación y de diversidad. Hoy, a sus 18 años de edad, recorre el mundo entregando charlas y visiones sobre diversas problemáticas. Su participación más reciente fue en el Foro Generación Igualdad convocado por ONU Mujeres.

Actualmente, Julieta fue seleccionada para viajar a Italia, al evento “Youth4Climate: Driving Ambition”, cita que tendrá en sus filas a los jóvenes, delegados y Ministros que participan en la Pre-COP26, suceso preparatorio a la 26ª Conferencia de las Partes (COP26) de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático que tendrá lugar en Glasgow.

En ese contexto, CHVNoticias conversó con la defensora en el marco del Día Internacional de la Juventud celebrado este 12 de agosto. Abordó sus principales banderas de lucha, sus ambiciones y su visión del país en medio de los múltiples cambios y procesos que está viviendo Chile y el planeta.

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Julieta Martínez

¿Qué significa el concepto de ecofeminismo?

«Me gusta poner el concepto de oro sobre la mesa, que es la interseccionalidad. Cuando hablamos de una crisis climática hablamos de una crisis social, que afecta a los Derechos Humanos. Pero es importante darse cuenta, que siempre en las crisis existen grupos más vulnerables y son las mismas personas que no tienen ni voz ni voto. En los grupos más vulnerables están las niñas y mujeres. Siempre que hablo de crisis climática, digo que tiene una cara de mujer. Hablamos del 70% más vulnerable del mundo. Existe una conexión entre mujer y crisis climática, pero también hay una gran relación en las soluciones. Grandes rostros están conectados en la lucha mundial por la educación de calidad, como Malala, que, desde su fundación, tienen una frase muy potente, que es una niña educada no solo cambia su vida, sino que tiene la capacidad de cambiar el mundo».

¿Cómo evalúas la situación mundial que viven niños y niñas en el planeta?

«Estamos en un código rojo para la humanidad. Lamentablemente, en muchas comunidades hay falta de educación. Alrededor de 263 millones en el mundo de niños y niñas no tienen acceso a la educación y 130 millones de ellos son mujeres. Son niñas que viven comunidades rurales, que no pueden continuar sus estudios porque quedan embarazadas o porque tienen que realizar las tareas del hogar. No hablamos de educación media, sino que de educación básica»

¿De qué manera se relaciona la escolarización con la crisis medioambiental?

«Hay estudios potentes que estiman que si le diéramos acceso a niñas a educación medioambiental y planificación familiar podrían llegar a reducir hasta 105 gigatoneladas de CO2. O estudios que dicen que, por cada año extra de escolarización, hablamos de mejorar la resiliencia climática. Estudios trabajan bajo la educación de las niñas como solución a la crisis climática, ahí lo relaciono nuevamente con el ecofeminismo».

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La situación en Chile

¿Cómo observas a los jóvenes con respecto a los procesos políticos que está viviendo Chile?

«Hoy en día Chile es un país que está viviendo muchos cambios. Escribir una nueva constitución, decidir cuál será el próximo presidente. Hay mucha movilización. Es cosa de ver el 8M, los movimientos por el acuerdo de Escazú, ahí te encuentras con una generación que está muy despierta, que está constantemente trabajando bajo el sentido de la comunidad. Se relaciona mucho con decir que soy parte de la sociedad civil, pero de manera activa»

¿Crees que los jóvenes son escuchados en un mundo muchas veces dominado por los adultos?

«Es complicado. Sin duda se ha mejorado mucho en los diálogos intergeneracionales. Hablo de 20 años atrás, pensando con compañeras y colegas con las que he trabajo, hablan de que la idea de tener diálogos intergeneracionales ni se ponía en la mesa, estaba obsoleta. Hemos visto que, en grandes movilizaciones, todas las juventudes tienen un rol fundamental. Una cosa es estar en la calle y la otra es estar en la toma de decisiones. Pasar de la pancarta a la acción es el desafío. Si bien estamos mejorando con los consejos consultivos en instituciones públicas y privadas, y empresas para lograr la participación activa de niñas, niños y adolescentes. Pero aún así seguimos viendo a los jóvenes menores de edad que se sienten inactivos en la sociedad civil, porque como no pueden votar».

En ese sentido, ¿Crees que los menores de edad, desde algún rango, deberían tener el derecho a voto?

«Lo que veo yo es que tenemos que dar un paso antes. Una cosa es hablar de voto, otra cosa es prepararnos para votar. El debate va por la formación cívica, diálogos y cabildos. No es solo ir y marcar un papelito. Estamos hablando de quienes son los líderes en los procesos de toma de decisiones. Qué prioridades hay que tener, como la igualdad de género, el desarrollo sostenible, por ejemplo. Hay que trabajar en la educación cívica de los colegios. No hablamos de una política partidista, sino de cómo reaccionan las juventudes en la posibilidad de tener la educación desde la temprana edad. Me encantaría ver en un futuro cerca que juventudes tengan la posibilidad de votar».

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¿Qué te parece la polarización que existe entre diversos sectores que se denominan de izquierda o de derecha?

«A la sociedad le hace mal la polarización y creo que debemos ir más allá de la política partidista. El activismo es una forma de hacer política. Cuando hablamos de política, espero que no sea algo que nos asuste. Muchos de nosotros crecimos en los almuerzos familiares en los cuales no se podía hablar de política, de religión o de fútbol. Una cosa es decir las cosas y quedarnos en el debate, otra cosa es romper con la reestructuración de la democracia. Lo que veo en la gente de mi edad, desde 12 a 18 años, es que son personas que no quieren quedarse solamente en el derecho a voto, que hay mucho más allá de eso. Es que pueden presionar y movilizar los cambios que quieren ver en su entorno».

¿Qué sentimientos te genera el proceso Constituyente de Chile?

«En general, todo lo que tienen que ver con la Convención, desde el apruebo y el rechazo, hasta ahora, para mí, el proceso constituyente me da esperanza, más allá de la incertidumbre propia del proceso de cambio. Recién estamos partiendo, queda un largo camino por recorrer. Es un gran desafío, pero independiente de las críticas en redes sociales, con esta idea del hater, yo creo que hay esperanza. Hay muchas personas que tienen presente temas y prioridades que veo dentro, como la Constitución ecológica. No solo hablamos de conservación, sino de protección, porque el ser humano no es el único que camina sobre la tierra».

¿Qué le genera a una activista la reciente aprobación del Proyecto Dominga?

«El proyecto Dominga me agobia, no hablo solo por mí. Es algo que se habla en todo el mundo que es la ansiedad climática. Esta idea de que hay un problema tan grande frente a ti, que se ve tan lejano, pero tan cercano a la vez. Te enfrentas a la realidad, pero, por otro lado, como hacemos que la gente no pierda la esperanza. Es frustrante, te siente ahogado, pero recordar que la Cop 26 está a la vuelta de la esquina. Claramente no se revertirá la crisis climática de la noche a la mañana, pero ahí se deberán tomas las decisiones mundiales para combatir la urgencia que significa la crisis».

¿Cómo ves a Chile?

«Cambiando y con una generación nueva preocupada de conceptos como la igualdad, la sostenibilidad y la diversidad. Y eso me gusta. Me molesta el tema del chaqueteo y etiquetar a las personas desde el prejuicio. Pero me enfoco en el poder de las organizaciones sociales y lo que veo en Tremendas. Recordar también lo que fue el estallido social, ahí se sintió mucho enojo y frustración en las calles. Yo se que soy privilegiada y me frustra ver a personas como yo, que, en algunos casos, son las que menos actúan. Lo que he podido ver desde Tremendas, que son chicas de diferentes realidades, es que podemos dar cuenta que polarizar las conversaciones no nos llevará a nada. Nos falta muchísimo por dialogar. La diversidad no tiene que polarizar las conversaciones si no que enriquecerlas».

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