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“Educación sexual yo no tuve. Estudié en un colegio católico donde, de partida, no se llamaba educación sexual, se llamaba afectividad y me enseñaban el sexo desde el punto de vista de Dios, entonces, todo lo que tenía que ver con la religión era lo permitido para mí. Nunca aprendí a poner un condón”.

Este relato de María Jesús Pino, una joven chilena de 20 años que grafica lo que ocurre en algunos establecimientos educacionales nacionales cuando se trata de abordar la sexualidad, porque de derechos sexuales ni hablar.

Siguen siendo un tema tabú en nuestro país que afecta diariamente a hombres y mujeres y que, sin embargo, se reducen al enfoque biologicista que tiene que ver netamente con la reproducción y la fertilidad”, explica Naschla Aburman, subdirectora de la Corporación Miles, que promueve el libre ejercicio de los derechos sexuales en Chile.

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Para ella, la posibilidad del libre ejercicio de estos derechos debiera estar garantizada por ley. Pero para avanzar en este ámbito hay que remontarse más atrás y observar la educación sexual que reciben las y los jóvenes.

Aburman explica que la forma en que se enfoca es sesgada, ya que excluye muchos temas: “No solo temas urgentes y muy importantes como la identidad de género, las relaciones afectivas, la sexualidad y el placer, la masturbación, la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS), entre otras. También deja afuera también a un público objetivo que debiera ser del interés del Estado”.

A lo que se refiere la ex presidenta de la FEUC en 2014 es a las diversidades sexuales, las que rompen con la heteronormativa y con la idea del género binario que se restringe la educación sexual en Chile.

Falta educación con respecto a la identidad sexual más que nada, en cómo te sientes o en quizás que no encajes en ninguno de los dos géneros”, agrega Ámbar, otra chica de 20 años que no pierde la esperanza de que algún día mujeres y hombres podrán vivir su sexualidad en plenitud y, por supuesto, libre de toda violencia.

Y los más jóvenes son los que resultan como los principales perjudicados, ya que la falta de educación sexual la suplen acudiendo a las redes sociales, series, películas y también en la pornografía. Todas situaciones que ocurren, casi siempre, sin la supervisión de un adulto, lo que los expone a la desinformación y confusiones.

Obstáculos para abortar

Uno de los mayores avances en materia de derechos sexuales llegó en 2017, con la aprobación de la ley que despenaliza el aborto en tres causales (embarazo producto de violación, que ponga en peligro la vida de la madre y por inviabilidad fetal), pues otorga un mayor control a las mujeres sobre su propia sexualidad. Sin embargo, hay sectores que apuntan que esto es insuficiente y piden más libertad para que sean las mujeres quienes decidan el número de hijos a engendrar y espaciamiento entre cada embarazo.

La actual norma, además, tiene dificultades para ser aplicada en la práctica: “muchas mujeres no saben en qué consiste la ley, cuáles son estas tres causales y lo mismo pasa con el personal de salud, el que no ha sido capacitado de la forma debida”, explica Lieta Vivaldi, abogado de la Agrupación Feminista Abofem, quién expresa que esta falencia se da “sobre todo en la atención primaria de salud que es el punto de entrada de las mujeres al sistema”.

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Otro punto es la objeción de conciencia a la que se pueden acoger los facultativos. Esto los excluye de realizar abortos, de hecho, alrededor de un 50% de los médicos obstetras se declaran objetores, es decir, muchas mujeres no podrán acceder a la prestación por falta de especialistas.

Se suma como otra restricción la objeción de consciencia institucional, que permite que centros de atención primaria puedan excusarse de cumplir con esta ley.

El otro aspecto en el que apuntan estamos al debe dice relación con la violencia obstétrica. Profesionales de la salud de todo el mundo consideran que la tasa ideal de cesáreas debe oscilar entre el 10% y el 15%, pero hace tres décadas Chile ya superaba el 25%. Hoy, prácticamente, la mitad de los nacimientos en el país son por cesárea.

“Es un tipo de violencia que en este momento (…) no está regulada como tal, la ley de deberes y derechos de los pacientes no es suficiente, necesitamos una ley específica, necesitamos que haya sanciones asociadas también a este tipo de violencia”, sostiene Vivaldi.

Hay coincidencia en que lo más urgente es avanzar en materia de educación sexual y que el esfuerzo debe ser intersectorial y potenciado desde el estado. Si no se realizan transformaciones profundas, serán las mujeres y los jóvenes, los sectores más perjudicados en el ejercicio de sus derechos y libertades sexuales.

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