Por Alejandro Vega
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Dos semanas antes de la matanza en un local de tragamonedas en Puente Alto el jueves 8 de agosto, Javiera Vargas Durán le bloqueó el paso a Doris Padilla, quien llevaba el coche con su guagua por la calle Profesor Alcaíno.

Bastó esta provocación para que se desatara una violenta riña callejera en el mismo lugar, que se terminaría convirtiendo en el escenario de una sangrienta emboscada donde murieron cinco personas de la población Carol Urzúa y que nada tenían que ver en el conflicto de poder.

No era la primera vez que estas mujeres se trenzaban a golpes, pero sí era la riña más humillante que haya sufrido Javiera, pareja de Rodrigo Castro Salas y hermana de Carlos Vargas Durán, ambos de 26 años y prófugos como autores del asesinato múltiple que cometieron días después de este conflicto.

“Se agarraron del pelo, le pegó unas patadas en la cara que le dejó un ojo sangrando y eso fue lo que a ella más le dolió, porque en ese momento en que se separaron, ella (Javiera) gritaba en la calle que iba a traer a su hermano y a su marido”, asegura un testigo a CHV Noticias.

Los emboscaron

Dos semanas después, el 8 de agosto a las 21:18 horas, Rodrigo Salas y Carlos Vargas vieron a Doris Padilla y a su pololo cruzar la calle desde su casa hasta el local que funcionaba como casino de barrio. Esa fue la señal que necesitaban para consumar la venganza.

El fiscal Milibor Bugueño detalla que “esa noche estuvieron esperando a Doris que saliera de su domicilio junto a su pareja. Cuando la ven, ahí salen de la esquina, con armas de fuego disparando, incluso sabemos la dinámica que Vargas va por la vereda y se ponen el pasa montañas caminando directo al local comercial”.

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En las cámaras de seguridad del local se observa el momento en que Doris es protegida por su pareja, quien la cubre con su cuerpo al ingresar al negocio, dirigiéndose al interior, donde se agolparon en el tumulto para encontrar alguna protección, momento en que aparece Carlos Vargas Durán portando una pistola Glock modificada disparando a diestra y siniestra.

“Los blancos principales se tratan de esconder detrás de un lugar de este local y producto de esto, hacen distintas ráfagas que terminan llegando a víctimas que no eran los blancos de este homicidio”, agrega Bugueño.

La primera persona víctima por la ráfaga de balas fue Jéssica Reyes Arellano, madre de Doris y que sufrió 14 heridas de proyectil; Milton Lara sufrió 17; Jimmy Ávalos, 16; Luis Bórquez, 6; y Yerko Riveros, 5.

Banda de narcos

Un antecedente hasta ahora desconocido es que al menos otros cinco individuos se reunieron previamente en una casa para consumar la emboscada. Incluso, varios vecinos los vieron durante el día en la esquina de calle Profesor Alcaíno con Pasaje 26.

“Estuvieron en una casa escondidos, en el 26, donde se ganaba el angustiado del Peter Anguila y de ahí estaban avisándole para cuando salieran el Byron con la Doris”, relata uno de los testigos, quien pidió su reserva de identidad.

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El fiscal confirma que “hay indicios de que habría más personas involucradas en la cobertura, los que podrían ser autores o cómplices y posteriormente encubridores de estos delitos que serían integrante de Los Camellos”.

La banda de “Los Camellos” está liderada por Carlos Vargas Durán y su hermano Francisco Vargas Durán, apodado “El Pelao”. Éste último habría estado junto a otros integrantes del grupo en esa esquina cuando salió Doris y su pololo, antes de que entraran en escena los pistoleros que aparecieron por Calle Uno.

“Ellos fueron los primeros en disparar. ‘El Pelao’ con el ‘Guatón Maikol’ y ‘El Colombiano’. Con los disparos de ellos aparecieron los otros por calle Uno”, añade.

Proveedores de armas

Pero ellos tampoco serían los únicos. Al testigo no le cabe duda de que las armas utilizadas en esta masacre fueron entregadas por una banda de traficantes que también opera en estas calles.

Específicamente, se refiere a un grupo que estaría liderado por Miguel Ángel Hernández Ortiz, conocido como “El Jalea”.

“El armamento grande que anda aquí es de ellos. Ale, ‘el Piña’ (Alexander Piña); ‘el Jalea’ (Miguel Ángel Hernández Ortiz), ‘el Cocodrilo Fredy’. A ellos sus amistades recurren a pedir cuando tienen problemas. Entonces aquí Carlos Vargas, que era amigo de ellos, tuvo un problema y recurrió a ellos para pedir armas”, detalló.

Esta no es la primera vez que ambos grupos actuaban juntos. En noviembre del 2018 asesinaron a Felipe Herrera, quien se había convertido en un estrobo para “El Jalea”.

Según la Fiscalía, la captura de los autores de la peor masacre ocurrida en los últimos treinta años en nuestro país está cada vez más cerca, ya que el cerco, dicen, se está cerrando en torno a Rodrigo Castro Salas y Carlos Vargas.

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