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“Me empecé a ahogar y no podía tragar, y ahí empezó mi problema”, cuenta Myriam Carvajal, mujer de 70 años que pese siempre a haber gozado de buena salud, en diciembre del año pasado recibió un duro diagnóstico tras consultar con un médico: padece a cáncer al esófago. 

La noticia la impactó y la preocupó, no solo por el estado de su salud, sino también de su hijo de 44 años: Pablo.

Hasta mediados de 2016, llevó una vida absolutamente normal. Dedicado a su hijo, su familia, a su trabajo de camionero y su gran pasión, el fútbol y la Unión Española, equipo en el que jugó cuando era adolescente. Sin embargo, su vida giró bruscamente cuando comenzaron los primeros síntomas de una esclerosis lateral amiotrófica, también conocida como ELA, enfermedad del sistema nervioso que debilita los músculos y afecta las funciones físicas.

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En marzo, en los días en que la pandemia comenzaba a mostrar sus efectos en nuestro país, Pablo comenzó a quedar postrado, sin movilidad alguna.

“Tengo que hacer fuerzas para mudarlo, para cambiarle ropa, cambiarle sábanas, bañarlo. Es difícil, pero fíjate que por un hijo una puede hacer cualquier cosa”, asegura Myriam.

Estos meses han sido complejos para ella. Su cáncer ha avanzado y ya tiene comprometido el estómago y parte de los pulmones. Por esto, las fuerzas no son las mismas y su situación económica menos ayuda: viven solos en la comuna de Padre Hurtado con un ingreso que no supera los $250 mil, monto que suman sus dos pensiones que por lo demás son vitalicias, por lo que no pueden acceder al retiro del 10%.

“Yo cuando recibo mi plata, pago la luz. Ahora ya me atrasé tres meses. Entonces, por ejemplo, a Pablo le compro una pechuga, o uno o dos tutos y así le hago sopita como para dos días”, cuenta la mujer, quien reconoce que lo más difícil es que pasadas las dos de la tarde sus energías disminuyen. “Las patitas no dan, las ando arrastrando”, agrega.

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Myriam debe ir al hospital debido a que se someterá a una cirugía por su cáncer al esófago. Para acompañar a Pablo en estos días recibirá la ayuda de Jessica Alegría, su sobrina que tarda dos horas de viaje desde La Reina para llegar hasta Padre Hurtado.

Necesitamos alguien que ayude a Pablo, que sea una enfermera o una persona que tenga la experiencia. Yo le digo que si yo viviera cerca yo lo vendría a ayudar todos los días, pero no puedo, me queda súper súper lejos”, señala.

Se hace necesario buscar una ayuda para facilitarle la vida a esta mujer de 70 años. Una alternativa es la Corporación ELA Chile, fundada por Luis Alberto Keitel, hermano de Sebastián Keitel que padece esta enfermedad. En ella entregan apoyo al 80% de quienes sufren la patología en Chile y también a su familias.

El diputado y ex atleta chileno destaca que en esta organización “se les entrega toda la ayuda psicológica, fonoaudióloga, kinesióloga. También de los diferentes aparatos que se van necesitando en relación a su falta de comunicación”.

Desde el municipio de Padre Hurtado nos informan que Pablo es parte de un programa para pacientes postrados de un Cesfam de la comuna, con el que se entrega ayuda terapéutica a domicilio. Su caso será revaluado.

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“Estamos dispuesto a analizar cada uno de estos casos particulares, y si es necesario, aumentar prestaciones, mejorar quizás o puntualizar en algunas áreas, siempre estamos disponibles para poder evaluarlos”, afirma Ana Miranda, directora de Salud de la Municipalidad de Padre Hurtado.

Hasta ahora, Myriam no ha postulado tampoco a los beneficios que hoy ofrece el gobierno. Contactamos al Ministerio de Desarrollo Social donde indican que su caso no califica para el Ingreso Familiar de Emergencia. La alternativa que queda es inscribirse en el programa Chile Cuida, un sistema de protección social y apoyo para personas en situación de dependencia.

En lo inmediato, Jessica seguirá intentando conseguir dinero para buscar una solución. Myriam lo necesita, más cuando regrese del hospital y tenga que seguir luchando contra su cáncer y la grave enfermedad a su hijo.

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