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En este reportaje de CHV Noticias se revelaban algunas vulneraciones a los derechos laborales de funcionarios del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (Sernameg). Pero los trabajadores subcontratados no son los únicos que tienen denuncias en su contra.

Gabriela tiene una historia cargada de relatos de violencia contra de las mujeres que se remontan a su infancia.

“Mi bisabuelo agarraba por las mechas a mi abuela y las arrastraba por toda la cocina“, contó a CHV Noticias sobre uno de los episodios que tiene en su memoria. Relato que década después sufrió en su propia piel.

Después de varios hechos de violencia psicológica, fue una agresión física y una serie de amenazas las que la motivaron a tomar la decisión de pedir ayuda y abandonar a su pareja y llevarse a su hijo.

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“Dije ‘puedo pararlo aquí, puedo parar esto’, porque no quiero que mis hijos mañana vean esto“, relató.

Es por eso que Gabriela tomó contacto con Carabineros y el Ministerio Público para comenzar a construir una salida que, por entonces, le pareció adecuada para proteger su vida y la de su familia: una casa de acogida del Sernameg.

“A mi me dijo el policía ‘mira vas a estar allá mas o menos 4 meses, hasta 6 meses donde te van a dar apoyo psicológico, te van dar apoyo social, vas a poder buscar trabajo, donde te van a ayudar a postular a tu casa donde tus niños van a estar bien cuidados y resguardados'”, recuerda.

Incluso, comenta que le dijeron que “allá vas a tener todas la facilidades para partir de cero”.

Y es que estas instalaciones buscan ser espacios seguros para mujeres cuya vida se encuentra en peligro, producto de la violencia que viven por parte de sus parejas o ex parejas, según detallan en el sitio web del Servicio.

Pero eso no es todo, ya que estas casas también tienen capacidad para albergar a los hijos e hijas de estas mujeres, donde se les asegura alimentación y atención psicosocial y jurídica, junto con apoyo para formar un nuevo proyecto de vida.

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Sin embargo, la realidad que le tocó vivir estaba muy lejos de eso, porque en la casa de acogida donde debía encontrar refugio conoció la otra cara de un sistema.

Habían cosas destinadas para las usuarias que se las comía el personal técnico, nosotros abrimos una puerta de una bodega y había confort hasta el techo, habían una 200 bebidas, cajas con dulces para los niños, cremas, piñas, todo para entregarle a los niños, habían útiles de aseo que nosotros jamas vimos”, señala Gabriela.

Incluso, sostiene que “para nosotros era complicado que en vez de confort te pasaran servilletas, que en vez de desodorante de mujer te pasaran de hombre”.

Tras pasar por la experiencia de la casa de acogida con sus hijos, Gabriela decidió salir por las malas condiciones. Motivo por el que terminó tomando una dura decisión: volver con la misma persona que ejerció la violencia contra ella y por el que había decidido escapar.

Entre opciones y opciones de repente tomas la menos mala o la que piensas que es menos mala”, zanjó.

Y su relato coincide con el testimonio de Viviana, una ex funcionaria que trabajó en las casas de acogida y que de haber intentado denunciar los hechos, pero dice no tuvo la atención de las autoridades.

Ante esta frustración, decidió dejar su trabajo agobiada por el día a día en esos recintos.

La mujer comenta que “la casa de acogida en la que yo trabajé no era ninguna ayuda para las mujeres, era solamente el techo y la comida“.

No era un apoyo real, existía la posibilidad de que les quitaran lo hijos, las amenazaban. Eran diferentes cosas muy desagradables, el personal no era idóneo, era todo lo contrario”, finaliza.

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