Por Marta Escalona
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Quería que mi hija, que estaba dentro mío, no sufriera como estaba sufriendo”.

Catalina Pizarro tuvo que llegar a las 20 semanas con un diagnóstico que le otorgaba el derecho a interrumpir su embarazo por la causal de inviabilidad fetal. El feto tenía un higroma quístico bilateral e hidrops generalizado.

“Le pregunté si eso tenía solución, si se podía hacer algo y me decía que no, que no iba a llegar a término mi embarazo“, cuenta la mujer, a quien le dijeron que no podrían interrumpir el embarazo hasta firmar el diagnóstico nuevamente.

Así debió llegar hasta las 12 semanas sin poder interrumpir la gestación.

-“se esta reventando, se estaba reventando dentro mío”

En septiembre se cumplen dos años de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, la que otorga tres excepciones en las que abortar no es considerado un delito: el riesgo de vida de la madre, inviabilidad del feto y violación.

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Sin embargo, más de la mitad de los obstetras se niegan a interrumpir el embarazo de una mujer agredida sexualmente. ¿Cómo lo explica el Ministerio de Salud?

La doctora Gloria Ramírez, del Departamento de Ciclo Vital del Ministerio de Salud, señala que “quizás esa objeción de conciencia puede ser modificada frente a una adecuada capacitación y un buen diálogo“.

Es decir, aparte de poder ser objetores, al parecer, hay otro motivo por el que no están cumpliendo con la ley. “Por falta de diálogo de pares entre cosas, es muy posible que todos no tengan la misma información“, agrega Ramírez.

La causal por violación es la que ha presentado el porcentaje más bajo dentro de las proyecciones que se hicieron cuando se discutió la ley. Para Gloria Maira, quien lideró un monitoreo de la Mesa de Acción Social por el Aborto, la razón es principalmente una: las sospechas sobre las mujeres persisten.

“Acuérdate lo que decían insignes parlamentarios sobre la sexualidad nuestra. Que ahora van a llegar todas a decir que las violaron para cubrir infidelidades. Ese es el imaginario con el que nosotras estamos batallando“, recordó.

Pero no sólo eso, el estudio también reveló que la población no está bien informada. “No hay material, no hay nada que haya producido el ministerio que permita informar a la población y particularmente a las mujeres que esta prestación existe”, criticó Maira.

Al respecto, la doctora Ramírez aclara que “los recursos a nosotros no nos sobran, pero vamos de a poquito. La obligación como estado la vamos a cumplir”

Catalina no sabía, por ejemplo, que podía acudir a su isapre y que ésta, por ley, debe derivarla a un recinto con cobertura, donde existan médicos no objetores dispuestos a interrumpir su embarazo con el diagnóstico confirmado. Por eso insistió en la misma Clínica Tabancura, donde, pese al diagnóstico, le negaron la posibilidad de ejercer su derecho.

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Por su cuenta acudió donde otro obstetra, quien confirmó la inviabilidad del feto. “Lo vio y me dijo ‘su corazón está colapsando. No hay nada que hacer y no va a pasar mucho más’. Y él me dio la firma para poder acogerme a la segunda causal, pero uno tiene que tener al menos dos firmas de médicos de la misma institución”.

La joven solicitó la interrupción desde las 12 semanas de embarazo. A las 19 semanas el deterioro del feto había avanzado tanto como el apego que ella siempre quiso evitar.

“Empecé a tener como una dualidad, como que le quería hacer cariño, porque tenía guata y la sentía. Entonces trataba de hacerle cariño y después decía ‘no, no te vas a encariñas y soltaba las manos y después decía no, ámala por el tiempo que esté, entonces volvía a hacerle cariño, pero estaba todo el tiempo e una dualidad, la toco, no la toco, me cuido o no me cuido”, relató Catalina.

A través de un comunicado, la Clínica Tabancura negó que Catalina haya solicitado la interrupción de su embarazo formalmente. Y al no existir tal petición verbal o escrita por parte de la paciente, el caso no fue presentado al comité de interrupción de embarazo de la clínica.

Sin embargo, existen correos que demuestran lo contrario y dan cuenta de que las solicitudes por parte de Catalina sí existieron.

En estos casi dos años se han practicado en Chile un 24% de las interrupciones que se estimaban, ¿podría ésto estar relacionado con la falta de médicos dispuestos a poner en práctica esta ley? Para graficar lo anterior, un ejemplo.

Osorno tiene 18 obstetras en el sistema público y sólo uno de ellos hace interrupciones en caso de embarazo por violación.

En la Araucanía Norte, de los 19 médicos, sólo dos no tienen objeción con la tercera causal.

Le sigue O’Higgins, donde el 87% de los médicos del sistema público tampoco está dispuestos a cumplir con esta parte de la ley.

Sólo en estas tres regiones hay más de 330 denuncias por violación, 86 de ellas afectaron a menores de edad.

La doctora Francisca Crispi, del Colegio Médico, detecta tres causales de incidencia en la baja cifra de abortos que se han practicado considerando la proyección inicial, cuando se discutió la ley. “Objeción de conciencia, esfuerzos mayores en la fiscalización de la ley, en cómo se está cumpliendo, esfuerzos mayores en que la red red pública y privada pueda responder a esta legislación“, detalla.

En tanto que el presidente de la Fundación Porta Vitae, Luis Jensen, señaló que “cuando el médico se ve enfrentado a la situación de que para implementar la ley debe pasar sobre lo que ha aprendido en medicina, que es que la vida vale en todo sentido, y por lo tanto debe matar a alguien para aplicar la ley, se da cuenta y no lo hace”.

Pero para Catalina esta ha sido su experiencia más dura. “Me tocó estar ahí, escuchar a varios médicos decir que no voy a llegar a término, pero nunca firmaron que era incompatible con la vida, sólo fue verbal”.

Ella señala que a las 20 semanas de gestación debió enfrentar las consecuencias de una decisión, que, pese a la ley, no tuvo oportunidad de tomar.

“Me dijo ‘preferí que fuera de esta manera, porque así no sentías culpabilidad, porque era natural” y ahí me quedó marcando. ‘¿Yo preferí?’. Él prefirió, me lo dijo en el minuto en que su corazón había dejado de latir“, finalizó.

El 11 de diciembre Catalina hizo un funeral con los restos de su hija. Su mamá la llamó Clara.

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