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“¿Tú sabes que no se pueden usar los juegos? Te estoy hablando”. Así de directa fue una mujer que encaró a varios vecinos en una plaza de Ñuñoa que jugaban con sus hijos, algo que sería incuestionable en cualquier otro escenario, menos en un período de pandemia y cuando hay una ordenanza municipal que prohíbe el uso de juegos infantiles.

“¿Te la vas a llevar supongo?”, insistía la mujer, quien grabó y criticó a los adultos que exponían a sus hijos a posibles focos de contagio. Su insistencia estaba respaldada por carteles de gran tamaño en las plazas, los que advertían la imposibilidad de usar los juegos, una situación que varios padres dejaron pasar por alto.

Estos hechos sucedieron en la Plaza Bremen de Ñuñoa, una de las comunas que está en etapa de transición y busca superar el confinamiento. La normativa comunal establece la prohibición sanitaria que impide utilizar los juegos infantiles, así como los equipamientos deportivos de parques y plazas.

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El alcalde de la comuna, Andrés Zarhi, indicó que las instalaciones para el esparcimiento en lugares públicos habían sido selladas, sin embargo, muchos vecinos ya las han roto para que sus hijos, o ellos mismos, las ocupen. “Entendemos, es natural que lo hagan, pero también estamos arriesgando la vida de esos niños y la de todos”, subrayó el jefe comunal.

Estrés infantil y resguardo en pandemia

El estrés de los niños presiona a los adultos para sacarlos a la calle y, una vez en las plazas y frente a los juegos, difícil es resistirse, aseguran muchos padres.

“Es como si estuvieran los dulces ahí, pero no se los pueden comer”, aseguró Antonia, una de las madres que habló con CHV Noticias y quien también dijo que es complicado, pero ha hecho lo posible por mantener distanciados a sus hijos de los juegos.

Odette es una abuela que llevó a sus niños a la plaza y reconoció algo similar: “Los juegos estaban cerrados, pero los caniles estaban abiertos, entonces los niños se fueron a jugar al canil donde subían y bajaban. ¿Y qué le voy a hacer?”, se cuestionó la mujer.

La situación es compleja aseguró la adulta mayor, quien pasea a diario a sus tres nietos y los cuida en ausencia de los padres que acuden a sus respectivos trabajos.

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“Lo principal es mantener la distancia y lavarse bien las manos”, afirmó Odette, quien se preocupa de tener a los menores con máscaras faciales en todo momento mientras juegan.

En cuanto al punto de vista médico y psicológico de toda esta situación, la psicóloga experta en infancia y académica de la Universidad de Chile, Jennifer Conejeros, cuestionó que la autoridad no haya diseñado un programa que incluyera las necesidades de los niños durante la pandemia.

“Todos los que trabajamos con infancia sentimos que los niños no fueron considerados en la estrategia de manejo de la pandemia”, objetó la profesional. Y apuntó que los menores no tienen dónde salir ni siquiera a dar una vuelta, lo que genera estrés y eso se manifiesta en que estén irritables, que se enojen con facilidad, lloren más y se frustren.

Su observación se ratifica con la clausura de los espacios comunes de los edificios y, en conjunto con la imposibilidad de utilizar los juegos de las plazas, ha hecho que el estrés en los niños crezca y se desarrolle. Como solución, ella propone pensar en alternativas comunales y que se establezcan actividades sin riegos para la salud de los menores.

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