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“Llegó súper deprimida a la casa. Se pasó por la ventana, se paró ahí y se lanzó hacia abajo“, relata Lorena Palominos sobre lo ocurrido con su madre.

En medio de una grave crisis a raíz de una depresión severa y un trastorno de personalidad que arrastra hace casi 20 años, Enriqueta Reyes se lanzó desde un cuarto piso.

Todo ocurrió el pasado lunes 5 de octubre. Ese día llegó hasta el Hospital Del Salvador pidiendo ayuda, pero dice que no fue escuchada. Como no la quisieron atender, tomó la drástica decisión.

Enriqueta comenzó a sentirse mal el domingo 4 de octubre. En primera instancia llegó hasta el Centro de Urgencia de Ñuñoa, luego fue derivada al Instituto Psiquiátrico José Horwitz y de ahí al Hospital del Salvador. Ninguno de estos centros le habría prestado la ayuda que ella esperaba, aún cuando la familia asegura que ha sido tratado en todos ellos a lo largo de los años. No es primera vez que intenta quitarse la vida.

“Cuando entra en esa depresión entra en su mundo. No quiere nada con nadie. Ella sólo dice que se nubla, siente una presión en el pecho y quiere matarse“, cuenta Lorena.

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El caso de Enriqueta refleja lo difícil que ha sido para el sistema público de salud responder a las enfermedades mentales durante el periodo de pandemia. Lorena ha llevado este peso encima desde que tenía 7 años. Hoy su mamá tiene por lo menos dos crisis al mes.

“Ella empieza a atacarnos a nosotros. ‘Déjame que quiero salir’. Y uno no puede con esas situaciones. Tengo 25 años y han sido 23 de este completo abandono y carga emocional“, añade la joven.

Lorena ha tenido que vivir siempre muy cerca de su madre para cuidarla. Ahora, a sólo un par de departamentos de distancia. El pasado lunes, todos sus vecinos y sus propios hijos fueron testigos de lo que ocurrió.

Enriqueta está hoy internada en el Hospital Del Salvador, no por sus crisis de depresión, sino a la espera de una intervención por las múltiples fracturas que sufrió tras la caída en altura. Han sido días complejos en que ni siquiera han podido saber de ella.

“Como por el COVID no puedo entrar a cita me dieron este número para preguntar cómo está ella, si la operaron. Pero llamo y no me responden“, asegura.

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Intentamos varias veces sin resultado. Este caso no es aislado, sino el reflejo de una realidad preocupante. Las enfermedades mentales han sufrido un grave impacto en medio de la pandemia y con ello las posibilidades del sistema de responder a esta demanda. Según cifras del Colegio Médico, las atenciones ambulatorias a pacientes nuevos disminuyeron un 60%, y en el caso de pacientes antiguos como Enriqueta la cifra bordea el 30%.

“La respuesta ante la pandemia debiese tener en el centro la salud mental, y eso es lo que hemos solicitado como colegio médico desde los primeros meses de la pandemia. Y lamentablemente no se ha visto reflejado en el actuar del Ministerio de Salud ni del conjunto del Gobierno”, afirmó el doctor Gonzalo Cuadra, de la comisión Salud del Colegio Médico.

La falta de acceso a una atención no sólo se da en el ámbito ambulatorio, sino también a nivel hospitalario donde las camas disponibles para hospitalizaciones psiquiátricas de adultos se redujo un 20%. La situación actual no ha hecho más que agudizar una problemática que ya existía antes de la crisis sanitaria.

El doctor Guillermo de la Parra, investigador senior de Midap (Instituto Milenio para la investigación en Depresión y Personalidad), indicó que el problema radica en que “en el plan nacional de salud mental requiere que las personas sean vistas durante 12 sesiones una vez a la semana, y en realidad son vistas 20 minutos una vez al mes“.

Y eso era antes de la pandemia. Con la llegada del COVID-19 este tipo de atenciones que se daban principalmente en la atención primaria, se frenaron.

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Los tratamientos existen pero no llegan a todos. Hay equipos excelentes en el sistema público. El problema es que no tienen el financiamiento suficiente”, añadió

Complejo para los nuevos pacientes que han surgido en medio del encierro, y también para quienes son pacientes antiguos que dejaron de controlarse y enfrentan una crisis como Enriqueta.

Solicitamos una entrevista al Ministerio de Salud para hablar de esta realidad y sus cifras, pero pese a nuestra insistencia no obtuvimos respuesta.

A través de un comunicado el Hospital del Salvador indicó que ese día lunes a Enriqueta le indicaron que según los protocolos de salud mental, su patología ambulatoria debía manejarse en el COSAM y que un psiquiatra podía evaluarla en la tarde ya que no habían horas disponibles. Pero Enriqueta estuvo horas en su propio periplo buscando una atención que nunca llegó.

“No son prioridad”, afirma Javier Ravinet, director de la Sociedad Chilena de Salud Mental. “Lo hemos dicho, no estamos pidiendo nada más que se dé el 7% del presupuesto de salud a salud mental, cuando el histórico a rondado entre el 1 y el 2%”.

Tras una semana internada, recién este martes Enriqueta fue operada de sus piernas por las fracturas que le provocó la caída. Pero no hay novedades en cuanto a una atención de calidad para tratar su depresión. ¿Cuántos pacientes más estarán en la misma situación? Se necesita una respuesta urgente para dar cobertura a estas enfermedades mentales que tanto han proliferado en medio de la pandemia.

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