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“Estoy muy feliz de llegar acá. Tengo amigos, hay amor. Aquí hay mucha lengua de señas y entiendo todo“.

Así se expresa uno de los niños que asisten al colegio Jorge Otte de San Joaquín, donde decenas de estudiantes como él van a aprender todos los días, con alegría de poder entender la materia que los profesores les enseñan.

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Y eso que parece lo mínimo, lamentablemente, no pasa siempre.

Ese es el caso de Maira, quien inició su escolaridad en un colegio convencional y no lo pasó nada bien.

“Dolor de cabeza, llantos, cuando llegaba a la casa lo hacía con los ojos hinchados porque había llorado toda la mañana en la escuela”, comenta Teresa Reveco, la abuela de la niña con problemas auditivos.

En la misma línea, dice que la pequeña le decía “no quiero ir más, no me gusta la profesora, no le entiendo, no se cómo se hace, no entiendo nada“.

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Maira tiene hipoacusia, es decir un nivel mucho menor que un niño sin problemas auditivos. En una sala con otros 40 compañeros era imposible para ella.

Lo pasé mal, porque siempre gritaban y me distraía y no podía escuchar bien porque tiempo después nos dimos cuenta que tenía problemas de audición”, relató la niña a CHV Noticias que recién a los 10 años logró a prender la materia.

Lo que es ratificado por la abuela, quien relata que “la niña tuvo un cambio enrome, porque ella ahora quiere venir a la escuela, la saco a las 5:30 de la mañana de la cama y no me llora”.

La historia de Maira es la de cientos de niños con problemas de audición que van a los llamados colegios integrados, lugares en los que en su mayoría no hay docentes que enseñen con leguas de señas.

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Cómo puede ser tan difícil entender que el sordo es una persona visual, que tiene una lengua distinta, una cultura distinta y requiere adecuaciones curriculares si queremos que logre su máximo potencial. Todo lo demás es pura palabrería”, reflexionó Verónica de la Paz, directora ejecutiva del Instituto de la Sordera.

El problema, según apuntan expertos, es que los colegios integrados en realidad no tienen la capacidad real de dar educación a estos niños y, peor aún, las escuelas especiales están desapareciendo a causa de la ley de inclusión.

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