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No todo paraíso es perfecto dice Ely Díaz, quien hace unos años vendió todo en la capital para irse a vivir al corazón del campo en la zona central del Maule, en medio de los bosques y zonas rurales de Licantén. Ella y varios otros vecinos deben arreglárselas ante la ausencia de agua potable, ya que cuenta que reciben este suministro una vez a la semana de camiones aljibe, pero que a veces se han quedado muchos días sin el vital elemento por malas condiciones meteorológicas. Marcelo Fernández, alcalde de Licantén, asegura que la carencia de agua potable es una situación constante, afectando a unas 30 familias. Una realidad indignante de la que sufren prácticamente la mitad de los chilenos que viven en zonas rurales del país, según cifras de Fundación Amulén. “Creo que es un desafío de Estado, un desafío de todos. La forma elegida para la emergencia está bien, pero no puede ser una constante, no podemos normalizar esto”, plantea el jefe comunal. En la escuela Los Copihues de Licantén se instaló el primer sistema en un colegio rural de Chile que permite potabilizar las aguas lluvias, ya que tal como el resto de la localidad, los más de 80 alumnos no cuentan con un acceso constante a agua potable.

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