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A pocos kilómetros de las modernas autopistas, miles de vidas se esconden entre sus calles. Son personas que se adaptan y sobreviven en medio de la naturaleza, buscando la forma para encontrar el sustento cada día.

Es el caso de las personas en situación de calle, quienes en medio de la actual pandemia por el coronavirus, se han visto duramente golpeadas por la escasez de recursos para conseguir alimentos, especialmente en zonas que están más aisladas, donde los beneficios impulsados desde el gobierno no han llegado.

“Esta es la realidad que uno no ve. Uno ve estas casas y no sabe que detrás de estas casas hay una historia, hay historias de dolor, de sufrimiento”, señala Macarena Gárate, a quien acompañamos junto a sus compañeros a seguir una jornada de la Ruta Calle, una agrupación que ayuda en la entrega de alimentación a quienes más lo necesitan en estos días.

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A través de transmisiones en Facebook Live en Radio 7, Macarena comparte las acciones solidarias que lleva a cabo esta agrupación, mostrando los problemas y la necesidad de su gente.

Reconoce que la ayuda está siendo insuficiente en estos momentos, incluso entregando más de lo que puede a través de sus ahorros y las donaciones que van llegando.

En nuestro recorrido conocimos las historias de varias personas quienes deben enfrentar las frías noches, en medio de esta pandemia, en sectores como Domingo Tocornal y Bajos de Mena, hasta finalizar cerca de La Pintana y El Castillo.

En Chile, se estima que 15 mil personas viven en situación de calle. Puente Alto tiene 575.

En una de estas paradas llegamos hasta el hogar de la abuelita María, una mujer de 60 años y que lleva más de 30 viviendo en la calle. Nos cuenta que vive sola, no tiene familia y que tuvo un hijo, producto de una violación que sufrió a los 14 años.

Aunque nunca perdió el contacto con él, no lo ha visto hace tres años. Asegura que él nunca ha querido ayudarla, pues “también está metido en la droga”.

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Dice que la entereza es lo que la ha ayudado en la vida para que no la pasen a llevar. Tiene una operación pendiente, pero por la pandemia, explica que la ha tenido que postergar.

Para poder conseguir el sustento de cada día, pide plata en los semáforos. Con nostalgia, cuenta que le hubiese gustado ser enfermera y veterinaria, además de haber tenido una familia: “Tener una madre, un padre. Cuando me muera en la morgue voy a quedar porque no hay quien me reclame. No voy a tener funeral, pero es mi vida y tengo que aceptarla nomás”.

Su actual hogar, construido a base de pallets de madera y colchones, fue obra de José, su amigo más cercano que la acompaña esta noche.

Por años, José trabajó de camionero de norte a sur, recibiendo un buen sueldo. También se desempeñó en el rubro de la construcción, donde incluso, hizo bóvedas para el BancoEstado, pero sus sueños se esfumaron cuando conoció la droga y su esposa lo dejó.

El recorrido continúa y nos encontramos con el caso de Pablo, quien vive junto a su padre y su pareja en una casa armada en medio de un cerro de Puente Alto. “Hemos buscado ayuda en la municipalidad para que nos puedan ayudar a optar a una casa, porque igual la idea no es quedarse siempre acá”, reconoce Azucena.

Hasta ahora, no han recibido una respuesta concreta. A ellos tampoco les han llegado cajas de alimentos, ni han podido optar por algún bono. Se sienten solos en tierra de nadie. “Prácticamente los únicos que han venido a nosotros han sido ellos”, señala Pablo, en referencia al grupo Ruta Calle.

Durante el día cuidan autos y con eso, entre los tres reúnen cerca de $5 mil. Antes de la pandemia, el monto ascendía a los $10 mil. Su sueño es conseguir un subsidio habitacional y algún día tener un hijo que tenga otra vida.

A pocos metros nos encontramos con otra pareja, quienes sí esperan un hijo: Fernanda tiene 7 meses de embarazo.

Su pareja, Sergio, reconoce estar afligido ante el inminente nacimiento de su hijo. “A lo mejor uno puede sobrevivir aquí, pero… imagínese usted, nazca una güaguita y vivir aquí…”

Producto de la actual crisis sanitaria, Sergio perdió su trabajo de electricista. A pesar de que están acostumbrados a vivir en la calle, por su futuro hijo ahora están intentando arrendar una pieza: “He tenido la plata en la libreta, realmente sí la he tenido, la he puesto, pero, ¿sabe qué? No he visto solución y he tenido que sacarla para comer”.

Son parte de las historias que se repiten en muchos lugares de Chile y que pocos quieren ver, y sobre todo, hacerse responsables. Excepto Macarena y su equipo de compañeros de Ruta Calle. Un ejemplo de solidaridad que en estos tiempos escasean.

Para ayudar a Ruta Calle: +569 7410 8415.

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