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“De los 33, 33 pensaron siempre que nos iban a sacar y rescatar“, dice Mario Sepúlveda, uno de los mineros atrapados en las profundidades de la mina San José y que fueron rescatados en 2010.

El accidente en Copiapó llevó a Mario a armar su museo en honor a lo ocurrido, donde hoy luce imágenes del momento, artículos vinculados al rescate y prendas usadas en aquel entonces.

El ex ministro de Minería, Laurence Golborne, recuerda que iba llegando a Ecuador cuando recibió un mensaje de texto del subsecretario de Minería, en el que se le informaba del accidente en la mina San José.

Se sintió un solo estruendo y la onda expansiva que llegó donde nosotros casi nos sacó la cabeza“, cuenta por su parte Esteban Rojas, otro de los minero rescatados.

Dos días después de ese 5 de agosto tras el derrumbe que sepultó a los mineros, Golborne se quebraba ante los familiares ante los nuevos desplazamientos de tierra que impedían saber la situación de quienes se encontraban adentro.

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“Me acuerdo mucho de las hijas de Franklin Lobos, que estaban ahí con un dolor en sus rostros, tremendo, y les corrían lágrimas. En ese minuto me quiebro“, agrega el ingeniero.

Miguel Fortt participó en el equipo de rescate de los 33 mineros. Por esos días, el experto en rescates se encontraba en la mina San José. Una inspección en el lugar y su intuición le decían que los trabajadores estaban aún con vida.

“En la chimenea me humedezco la mano y sube aire tibio”, fue el simple experimento que realizó Miguel dos días después del accidente y que le permitió saber que aún había esperanza. “Es física aplicada. Todos sabemos que al aire frío es más denso y el aire tibio más liviano“, agrega.

Con esta información llegó Miguel hasta el entonces ministro Golborne, moviendo así los equipos para continuar las labores de rescate. Eventualmente, 17 días después, en uno de los perforadores encontraron una mancha de pintura roja.

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“La cabeza del martillo va saliendo y vemos una mancha roja, hecha con pintura. Y le digo a la persona que está al lado ‘viene una mancha, está pintado’“, señala Golborne. Este sería el primer contacto entre la mina y el exterior.

Al final de esta maquinaria, el ya mundialmente conocido papel con el lema “estamos bien en el refugio los 33“.

Mientras esté vivo uno, respirando, trata de luchar“, añade Esteban. “Siempre pensamos que a nosotros no nos iban a dejar allá y hacíamos apuestas de cuándo salíamos”, cuenta por su parte Mario.

De ahí en adelante la historia es conocida. Imágenes del refugio y las videollamadas entre mineros y sus familiares, las cartas, la Cápsula Fénix, una de las transmisiones más vistas en la humanidad. Una hazaña que este miércoles cumple una década.

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