Por Daniela Durán Alviña
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Enriqueta Fierro maneja perfecto una tablet donde tiene acceso a lo que pasa en Chile por estos días. Tiene 81 años y vive en un hogar de la Fundación Las Rosas en el Centro de Santiago.”Lo recuerdo muy bien. Yo vivía en la calle Arturo Prat 218 casi con Tarapacá”, dice esta abuela haciendo memoria sobre la Revolución de la Chaucha en 1949.

La historia se repite asegura. Porque lo que ve hoy en nuestro país, ella lo vivió cuando tenía 10 años. “Las revueltas eran micros que eran góndolas, con carros. Un toque de queda, sentíamos los balazos. Solamente en ese entonces había radio”, dice Enriqueta.

Rememora como si fuera ayer. Al igual que esos años apoyó la causa de la “revolución de la chaucha”, hoy apoya la movilización de los 30 pesos. Ella también se siente una víctima del cruel sistema. Debe vivir en un hogar de ancianos porque la pensión de 119 mil pesos no le alcanza para vivir sola. “Si uno quisiera vivir fuera de este hogar, no podría vivir con esa pensión ni 15 días”, enfatiza.

Enriqueta denuncia que las pensiones son pequeñísimas, a pesar de seguir trabajando después de jubilarse. Guillermina Guzmán, la misma historia. Se jubiló hace tres años y por necesidad debe seguir en el mundo laboral. Pasó 40 años educando chilenos y su pensión es cercana al sueldo mínimo.

“Ahí está la fecha, 21 de octubre del 2019 y el monto es de $259.852” y “haciendo docencia, contribuyendo a formar personas, profesionales, estudiantes de educación media”, relata esta mujer trabajadora.

Guillermina es académica y experta en comportamiento humano. “La historia se repite” recalca. “La rabia de la gente en 1949, en la Revolución de la Chaucha, es motivada por los mismos síntomas que hoy”.

Esa sensación de ser abusado, de ser mancillado, de ser pasado a llevar, de no ser considerado es lo que visceralmente hace que reaccionemos, porque sentimos una carga de ira muy grande, y sentimos también la frustración. Trabajamos muchísimo, nos preparamos, nos vamos educando y no estamos recibiendo el mismo trato”.

El escritor Jorge Baradit relata que la “revolución de la chaucha” fue motivada “porque sube 20 centavos, que era una moneda a la que se le decía chaucha, y era lo más bajo que había. Curiosamente esos 20 centavos, que no son nada, detonan en una revuelta social que dejó muertos“, detallando que hubo descargas de fusilería contra las personas.

“Cuando venían los carabineros a caballo disparando, es como si lo estuviera percibiendo”, agrega Enriqueta, quien sincera que tuvo mucho miedo.

Tras esa revolución, el presidente Gabriel González Videla debió retractarse en el alza del cobro del transporte público. También se vio obligado a cambiar su gabinete y realizar profundas reformas económicas y políticas. Igual como ocurre hoy con la Revolución de los 30 pesos.

Enriqueta apoya el actual movimiento que recorre el país. Al igual que Guillermina, viven la desigualdad e injusticia de nuestro país. 70 años han pasado y las diferencias sociales en Chile son abismantes.

No piensan en los que estamos atrás de ellos, sobre todo los adultos mayores, que estamos totalmente olvidados”, dice Enriqueta mientras camina por los pasillos del hogar de la Fundación Las Rosas. Allí tiene todo lo que necesita, dice.

“El estado de Chile siempre ha visto la efervescencia social como un problema que hay que aplastar, y no como un síntoma que hay que atender”, concluye Jorge Baradit.

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