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Desde el viernes que un grupo de jóvenes duermen en carpas en las cercanías de la rivera del río Mapocho para cuidar unas cuerdas. ¿Por qué? Porque son parte vital del deporte que practican y ha llamado la atención de los transeúntes: el slackline.

Puede parecer arriesgado para algunos, pero para ellos es su pasión. Amarran la cuerda a cada extremo para practicar el highline, una variante que se practica a mayor altura, y van cruzando a pie pelado de un lado a otro del Mapocho, entre Pío Nono y Purísma, desafiando el vértigo y el equilibrio.

Christian Gutiérrez, coordiandor de SUM Slackline afirma que “hay mucho menos riesgo en cintas en altura que en la plaza, porque nosotros caemos en el vacío y la cinta lo hace rebotar. En cambio en la plaza uno cae al piso y se puede torcer un pie”.

Con todo tipo de resguardo llevan los arnés, los mismos que usan los escaladores. La mayoría de los integrantes del grupo tiene una profesión y trabaja, pero lo que buscan a través de esta organización es que el deporte se pueda hacer en la ciudad con seguridad.

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En tanto que Christian Riveros, presidente de la organización SUM Slackline, aclara que su idea “es sacar atletas. Este es un deporte emergente, no tradicional que se está masificando a niveles internacionales“.

Hasta ahora han tenido el apoyo de la gente que camina por el sector y hasta de Carabineros. Pero quieren ir por más, tener un un espacio estable, para poder vivir la vida y sentir la libertad desde una cuerda.

Lo anterior, porque en estos momentos las únicas municipalidades que prestan apoyo para este tipo de deportes son Viña del Mar y el Tabo. Pero en la capital no tienen su propio lugar para entrenar.

Por eso están en proceso de sacar personalidad jurídica y se encuentran en conversaciones con la Municipalidad de Recoleta y Santiago para hacer algo de forma permanente.

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