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“Imagínese cuántos niños hay en la calle todos los días, a cada rato se escapan del Sename, igual es fome esta realidad, no nos tuvo por qué tocar a nosotros“.

Ese es el relato de Jordan, un niño de 14 años y que vive en la calle tras abandonar el Cread Pudahuel. Y como él, son muchos los niños, niñas y adolescentes que hacen de los espacios públicos su hogar.

Y si no entregamos un dato concreto es justamente porque actualmente no se tiene registro de cuántos son. El último registro oficial de menores de edad que viven en la calle es de 2011 y no se tiene  antecedentes oficiales más actualizados.

Así lo detalla Patricia Muñoz de la Defensoría de la Niñez: “Estamos en 2019, todavía no sabemos cuántos niños, niñas y adolescentes hay en la calle, eso implica que no sabaemos dónde están. Francamente, es de un nivel de gravedad que es inaudito“.

Algo más cercano a la realidad es el dato que entregan organizaciones de la sociedad civil como la Fundación para la Confianza, desde donde aseguran que 459 niños hicieron abandono de un centro del Sename y viven en las calles, al menos, hasta agosto del 2018.

De acuerdo a Gabriel Guzmán, coordinador del Observatorio Fundación para la Confianza, “ha fallado todo el sistema, falló lo programático, el sistema de protección”.

También asegura que “no hay ninguna acción psicosocial, solo una búsqueda policial“.

“Hay gente que dice por qué se arrancan del Sename y la gente no sabe, igual hay malos tratos en el Sename“, asegura Jordan, uno de los tres niños que se fugaron de uno de los recintos que más abandonos registra: 302 entre enero de 2017 y agosto del 2018.

El mismo niño relata que a una de sus compañeras con quien se escapó, Esperanza, “siempre la pinchaban, le llaman SOS, una inyección, un sedante que te ponen“.

Yo pienso en sacar mis estudios y trabajar y tener una casa a la que llegar a dormir tranquilo“, comenta Jordan, quien tuvo que tomar sus cosas junto a sus compañeros para moverse del Parque Forestal donde duermen, alertados por la presencia de carabineros.

Justamente, Esperanza describe que cuando ven acercarse a la policía “hay que levantarse nomas, no quiero pelear con Carabineros”, dice la adolescente de 16 años, quien muestra también su brazo con los supuestos rastros dela violencia ejercida en un procedimiento anterior.

Me estaban reduciendo y yo tengo esquizofrenia y no me pueden tratar así porque yo me descompenso”, acotó.

Y es que si Carabineros los pillan, son enviados de vuelta al Servicio Nacional de Menores. Sólo durante el año pasado recibieron dos mil llamados de búsqueda por niños en situación de calle y, tras ser encontrados, se contacta a un juez de familia que los puede instruir para un retorno al Sename.

Pese a todo, Jordan entre un mensaje con una mirada con sus expectativas para el futuro: “Aquí estamos, tirando para arriba, sobreviviendo para ser algo en la vida“.

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