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“Llegué a las 5:20 y tuve que estar esperando que me dieran un número de papel. Abrieron a las 7:30 y adentro me atendieron a las 8:30. Tres horas esperando y tengo 80 años”, expresa Carmen, una de las pacientes del Hospital Sótero del Río.

Con una población asignada de casi un millón y medio de personas es el recinto hospitalario con más pacientes del país. Atiende al 10% de todos los chilenos. Es el mayor centro asistencial de la zona sur oriente de Santiago y representa un lugar emblemático para quienes hoy ven con esperanza poder acceder a una salud de calidad.

Sin embargo, largas esperas de meses y meses para acceder a una cirugía o interminables filas en busca de medicamentos conforman una postal ya habitual en un país que pide mejoras urgentes en el sistema de salud.

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Con los 112 mil pesos que gana, Carmen paga el arriendo en donde vive sola. “Eso no es justo para nosotros que hemos trabajado toda una vida. Tengo que venir todos los meses y no hay remedios. Me piden que venga otro día a ver si llegaron. En el invierno nos mojamos, nos cagamos de frío”, puntualiza.

Situación parecida a la que se enfrenta Cristina, otra paciente del hospital. “El médico que me atendía, renunció y pedí que me dieran hora con otro médico, pero no hay otro doctor con esa especialidad. En tres o seis meses más tengo que llamar por teléfono para ver si llegó un médico de mi especialidad”, comenta.

El Sótero del Río recibe pacientes de comunas como Puente Alto y La Pintana, entre otras. Según los últimos datos disponibles, la esperanza de vida en esos municipios bordea los 78 años. Cifras por debajo de las comunas con mayor expectativa de vida, donde el número promedia los 82 años.

“Estamos cansados”

Pero no sólo existe molestia por parte de los pacientes de este lugar. Hace tres semanas, parte de los trabajadores se mantiene en paro, acusando condiciones laborales indignas.

Elizabeth es técnico en enfermería y gana un sueldo base de 263 mil pesos. “Se ha especulado mucho de que los funcionarios en el hospital ganan mucha plata y eso es mentira”, sentencia.

Denise es auxiliar y trabaja hace siete años en el hospital, sin embargo, gana 350 mil pesos, prácticamente el sueldo mínimo. “El sueldo mínimo es el que se gana aquí realmente, se gana más haciendo horas extra, estando todo el día en el hospital y sin ver a la familia”, indica. “Toda mi vida he trabajado, tengo 51 años y jamás he ganado más plata, aunque trabaje día y noche”, agrega.

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“He tenido que prohibirle a mis hijos que coman, porque no alcanza. Entonces nosotros estamos cansados ya. Yo personalmente me siento demasiado pasada a llevar. No me interesa si en algún momento me tengo que morir, pero yo ya no siento miedo. No siento miedo porque estoy cansada de la pobreza”, puntualiza Denise.

Si bien el hospital sigue operativo con los denominados turnos éticos y atendiendo los casos de mayor urgencia, los trabajadores mantienen el paro, manifestándose también por la precariedad del recinto hospitalario.

“Lo que tenemos que hacer es trueque con otros servicios para poder conseguir suministros para seguir atendiendo. Jamás hemos dejado sin atención a ningún paciente”, asegura Elizabeth.

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Mientras, el dirigente Federación Nacional de Trabajadores de la Salud (Fenats) del Hospital Sótero del Río, Héctor Calfuleo, enfatiza en que los aportes estatales “debieron haberse hecho hace unos 15 años atrás”.

“Cuando los gobiernos de turno dicen que han suministrado bastantes millones a la salud, es cierto, pero hoy tendríamos que estar con otros valores, y no con lo que tenemos”, afirma.

Tras las movilizaciones de las últimas semanas, el Ministerio de Salud decretó alerta sanitaria en seis regiones y dos provincias. Hubo un aumento de 10 mil atenciones en relación al mismo periodo del año anterior, debido a los heridos en las protestas y al mayor numero de consultas por salud mental. Con esta medida existirán mayores recursos para satisfacer el inusitado aumento de pacientes por lo menos hasta el mes de diciembre.

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