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El hacinamiento, el encierro, las condiciones precarias y las altas o bajas temperaturas se conjugan para que los espacios en los que deben vivir los reos en las cárceles chilenas sea un infierno.

“Al interior de cada módulo hay hacinamiento, el espacio reducido, la comida, las fecas corriendo por el pasillo de acceso, las plagas de cucarachas. La verdad es que es horroroso. Una puerta al infierno“, dice el diputado Leonardo Soto (PS), miembro de la comisión de Justicia de la Cámara.

Y las cifras de la cárceles lo reflejan: En total son 85 los centros penitenciarios los que albergan cerca de 40 mil reclusos en sus instalaciones.

Cada tres días muere una persona en la cárcel, un 40% lo hace debido a alguna enfermedad, un 45% en una riña y un 15% se suicida.

Así lo corrobora Rodrigo Bustos, jefe de la unidad judicial Instituto Nacional de DD.HH., quien asegura que “se ve una situación de inhumanidad respecto a como se trata a las personas privadas de libertad“.

Hemos observado casos de tortura, hay cárceles en las que las personas no tienen acceso a un recurso tan básico como el agua por 10 o 15 horas”, añade.

En la misma línea, Cesar Pizarro, de la ONG 81 Razones, agrega que “el hacinamiento es asqueroso, el trato que se les da. Apaleamientos, los baños, la falta de agua potable. No es digno, tenemos celdas para 10 personas en las que viven 30“.

No hay posibilidad de que abandonen las conductas delictivas con este tipo de cárceles“, agrega Soto.

En tanto que Bustos añade que las condiciones que entregan este tipo de recintos “no es digno de un país democrático porque al entrar en una cárcel tú sigues siendo una persona que debiera poder ejercer sus derechos humanos”.

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