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El millonario negocio tras el tráfico de niños es uno de los capítulos más desconocidos de la historia de Chile en dictadura.

Mujeres embarazadas fueran instadas u obligadas a entregar a sus hijos, o varios niños que fueron sacados del país con doble RUT, son algunas de las aristas de estas adopciones ilegales.

Según los testigos de la época, los niños eran sacados a países como Suecia, España, Italia o Francia. De hecho, entre 1976 y 1981, se estima que 2.129 menores salieron del país con rumbo a Suecia, y Chile se convirtió en el tercer mayor proveedor del mundo.

Una de las presuntas instituciones responsables sería Adoptionscentrum, una agencia de adopción internacional que se encargaba de seleccionar a niños con las características requeridas por los futuros padres.

Anna María Elmgren, ciudadana sueca, fue quien encabezó esta maquinaria de tráfico. Ella parecía tener un pasaporte diplomático que le permitía sacar valijas con niños. En total, junto a su marido, amasaron una fortuna millonaria en tiempos de crisis económica. 

Otra parte del engranaje de esta “mafia” fue Telma Uribe, una asistente social que habría trabajado en la Vicaría de la Solidaridad, dedicada a faciliar la salida de los menores en dictadura. Hasta 2006, esta mujer habría pedido honorarios a las víctimas para reencontrarlos con sus familias biológicas.

Recién en democracia, gracias a un cambio en la legislación, lograron poner fin a esta práctica. 

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