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El empresario Carlos Cardoen (77) se encuentra con arresto domiciliario luego que Estados Unidos solicitara su extradición al enfrentar cargos relacionados con el tráfico de armas.

En total son cinco delitos por “exportación de circonio sin las debidas licencias, dos por haber falsificado ideológicamente las solicitudes de autorización para exportar, y uno por conspiración con terceros para poder lograr dichas exportaciones”, consigna La Tercera.

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Raúl Sohr precisa que Cardoen “declaró en EE.UU. que el circonio lo requería para actividades mineras. Lo que no declaró es que ese circonio era utilizado en las bombas de racimo como parte de la carga explosiva”.

Aunque hizo su fortuna vendiendo este tipo de bombas a Saddam Hussein entre 1980 y 1988, pocos saben que Carlos Cardoen también fue un asociado comercial del círculo más íntimo de la dama de Hierro de Gran Bretaña, Margaret Thatcher.

“A través del hijo de Thatcher, que ya era un hábil negociante de los negocios oscuros de su madre, hubo una transferencia ilegal de tecnología para que Cardoen desarrollara estas armas y las pusiera en el mercado”, sentencia el periodista de investigación y especialista en temas de tráfico de armas, Ignacio Montes.

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En la misma línea, añade que “por eso se facilitó tanto la llegada de esas armas a Irak. Es decir, Cardoen no entraba sin un permiso de los servicios de inteligencia occidentales”.

Un equipo de reportajes de CHV Noticias tuvo acceso a las sesiones de la Cámara de los Comunes de Gran Bretaña, donde quedó al descubierto en 1992, que Cardoen tenía vínculos con Mark Thatcher, hijo de la entonces primera ministra británica, además de la empresa Matrix Churchill Ltda.

A través de una triangulación comercial secreta que fortaleció al régimen de Irak, Cardoen asumió un rol de intermediario, proveyéndolo de maquinaria de doble uso que le permitió fabricar armas al “carnicero de Bagdad”, cuando Hussein se preparaba para Invadir Kuwait entre 1988 y 1990.

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Estos negocios, que iban más allá de las bombas de racimo, son los que llegó a investigar a Chile el ex piloto de la RAF, Jonathan Moyle, quien fue invitado a la Fidae en su calidad de periodista y editor de una revista especializada en defensa.

Según el abogado Jorge Triviño, quien representó a la familia Moyle en Chile, la víctima “manejaba toda esta información y tenía grandes contactos como el hijo del rey Husein de Jordania, así que era una persona privilegiada en el sentido de haber tomado conocimiento de todo el tráfico de armas que existía en esa época”.

Moyle apareció muerto en su habitación del hotel Carrera en marzo de 1990, iniciándose una investigación que finalmente logró establecer que se trató de un asesinato.

El ex ministro Alejandro Solís desliza la razón detrás de este crimen impune hasta el día de hoy: “La conclusión obvia es por los antecedentes que tenía y que podía publicar y a alguien no le convenía que lo hiciera”.

El abogado Triviño asegura que “después de los años hemos sabido que la contra inteligencia británica, el MI6, intervino para tapar el crimen, para impedir que se investigara”.

La justicia chilena nunca pudo identificar a los autores del crimen por el que también fue interrogado Carlos Cardoen y su encargado de relaciones público, Raúl Montecinos Rosas.

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