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Insultos, humillaciones, incluso golpes y amenazas de muerte enfrentan los trabajadores de la salud pública. Según el Minsal hay más de mil denuncias sólo en lo que va del 2019. ¿Cómo operan y a qué se enfrentan los funcionarios, en los sectores más conflictivos?

“Cuando yo me di cuenta ya estaba encima mío y me escupió en la cara”. Esa es parte del relato de una funcionaria de salud que oculta su identidad, pero junto a quien recorrimos por dentro uno de los recintos más expuesto a la delincuencia.

“Estaba la tía del aseo lavándose los dientes y se tiró al suelo, porque ahí había otro balazo. Cuando sentimos los balazos hay que tirarse al suelo no más”, cuenta.

El Centro de Salud de la población Pablo de Rohka en La Pintana está enrejado por completo. Los propios funcionarios están cambiando los vidrios por plásticos, para evitar lesiones en caso de que quiebren las ventanillas.

Una de sus funcionarias recuerda algunos episodios complejos que han tenido que enfrentar con los usuarios: “Un paciente se enojó, pegó un combo y rompió el vidrio. Esto ahora no es vidrio, es acrílico. Si fuera vidrio, nos salta a la cara”.

Las violentas experiencias que han tenido que enfrentar con algunos usuarios han provocado que -en este recinto- el paciente y el funcionario estén separados por barreras de fierro.

“Voy a venir con una pistola, las voy a matar a todas”. Así recuerda otra funcionaria de Puente Alto, el episodio que marcó un antes y un después en su vida laboral. Tuvieron que cambiarla de su puesto y hoy no atiende público.

Sólo en lo que va de éste año, se han denunciado más de mil casos de agresiones sufridas por personal de salud en todo Chile. Aunque la problemática de la violencia está presente en todo el país, según la Confusam, se acentúa en los sectores más vulnerables de la ciudad.

Para el Subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga, el problema es transversal. “Los chilenos estamos con más mecha corta, con menos paciencia, exigimos cosas más rápido y eso es lo que muchas veces se traduce en que se agreda a los funcionarios”, dijo.

Gabriela Flores, presidenta de la Confusam, tiene otra visión del problema. “No tener las dotaciones adecuadas, no tener los insumos de medicamentos, la gente reclama cuando va al centro de salud y no están sus medicamentos o no hay horas disponibles de los médicos. Pero la solución no pasa por nosotros los trabajadores, pasa por un mayor financiamiento de la atención primaria”.

En algunos recintos, los funcionarios ya han naturalizado el maltrato permanente del que son objeto: “Es normal que el usuario te grite, es normal que el usuario te garabatee. Te dicen que ellos te pagan el sueldo, eso ya para nosotros es pan de cada día”, asegura una funcionaria de Puente Alto. 

. ¿Qué ocurre con el resto? Cuentan con guardias que, generalmente, tiene poca capacidad de reacción.

“Acá tenemos caballeros que generalmente están jubilados, que hacen de porteros, mantienen el orden, pero no tienen la facultad para intervenir en caso de alguna agresión”, cuenta Fabiola Vivar, presidenta de los Funcionarios de la Salud Municipal de Puente Alto.

Más de 40 denuncias tienen en Puento Alto, sólo en los dos últimos meses. Hasta ahora, no cuentan con ningún mecanismo de prevención que de mayor seguridad a los trabajadores

“No hay ningún protocolo que diga ustedes tienen que reaccionar de tal forma o tienen que apretar este botón de pánico, porque no hay botones de pánico”, asegura.

Detrás de esta problemática también existe un problema de recursos: el aporte per cápita del Ministerio de Salud es de $6.300 pesos al año.

En Renca destinaron recursos propios y tomaron medidas concretas para la seguridad de sus funcionarios. 188 cámaras son monitoreadas las 24 horas desde una moderna central.

Este mecanismo de seguridad está contemplado en los planes del gobierno, pero aún no lo implementa. Para ello se conformó una mesa de trabajo y se gestionó un cambio en la ley que endurece las sanciones a quienes agredan a los funcionarios de salud.

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