Por Bruno Delgado

El estreno de Neon Genesis Evangelion (1995) en Netflix avivó el interés por uno de los anime más relevantes de la década del ’90 y volvió a levantar preguntas por sus complejos personajes, llenos de traumas, fallas y dolores.

El trío de adolescentes protagonistas de la historia, Shinji Ikari, Rei Ayanami y Asuka Langley, están obligados a pilotar robots llamados EVA para hacerles frente a la amenaza que aterra a la humanidad: los ángeles, unos poderosos seres que vienen del espacio.

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Pero la batalla entre humanos e invasores está lejos de ser el corazón de la obra de Hideaki Anno. La depresión, la condición humana y la imposibilidad de conectar entre las personas son la verdadera sangre que bombea el cuerpo de la narración.

Y uno de los conflictos centrales que plantea es el dilema del erizo, una parábola creada en 1851 por el filósofo Arthur Schopenhauer y que tiene un rol central en el desarrollo de los personajes del anime.

El dilema del erizo

Un día muy frío en que caía nieve, en una caverna, dos erizos deciden buscar calor acercándose. Sin embargo, se dieron cuenta que mientras más juntos estaban, los pinchos de sus cuerpos los comenzaban a herir. Es por eso que debieron alejarse, volviendo a sentir frío.

Finalmente, eligieron un punto medio, tomando la distancia justa para no dañarse tanto y aún así evitar congelarse.

¿Qué significa?

Con esta historia, el pensador alemán intentó exponer la paradoja que se produce con la intimidad entre las personas, quienes mientras más cercanas y emocionalmente comprometidas están la una con la otra, mayor es el riesgo de dañarse.

Pero, al mismo tiempo, si deciden no conectar o acercarse a nadie para no resultar heridos, el dolor del aislamiento social pasa la cuenta y se siente la angustia de la soledad.

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Es decir, divide a las personas en dos tipos. Aquellos que buscan la estabilidad soportando el frío de la soledad para resguardarse y los que están más dispuestos a ser dañados por intentar conectar con los demás.

Esto se aborda de manera explícita cuando Misato Katsuragi, la tutora de Shinji, le dice a Ritsuko, una de sus compañera de trabajo, que no confía en los demás para descargar algo del peso, a lo que ella responde “¿has oído la historia del dilema del erizo? Aún cuando quieren calentarse entre ellos, mientras más se acercan, más daño se hacen. Con las personas pasa lo mismo”. Incluso, el episodio IV de Evangelion se titula El dilema del erizo.

Mi soledad y yo

Como toda parábola, la idea no es ser exacta, sino visibilizar una situación de forma alegórica para poder vislumbrar matices y aspectos personales en la vida real. Y es esto lo que adopta Anno en su anime y expone como el conflicto central de todos sus personajes en distintos niveles.

Shinji, por ejemplo, sufre constantemente por su incapacidad de generar lazos verdaderos y encontrar refugio en los demás, castigándose mental y físicamente y sumergiéndose en una espiral de autodestrucción y frustración.

Durante gran parte de la historia, el adolescente va intentando balancear sus relaciones para que no ser herido por alguna de sus compañeras, con quienes añora conectar con mayor profundidad, aunque sea pagando el precio por exponerse.

Cuarto vacío

Desde la otra vereda está Rei, quien eligió, o la obligaron a elegir, el ostracismo y no acercarse a nadie, aunque implique estar sola y deber enfrentar todo por sí misma, sin contar con una mano y menos un abrazo en los momentos en que lo necesita.

Es por eso que no es capaz de interpretar correctamente las señales que le da Ikari en sus tímidos y frustrados intentos por conocerla, cerrándole la puerta una y otra vez. Volviendo siempre al mismo cuarto silencioso y frío. Siempre vacío.

La violencia como muralla (o “anta baka Shinji”)

Otra perspectiva es la de Asuka, quien, a diferencia de Ikari, prefiere herir a las personas y levantar murallas con tal de que nadie pueda dañarla, ya que, quizás es la que peor conlleva la soledad tras la muerte de su madre y quedar sola en el mundo.

A diferencia de Rei, quien no puede conectar con el resto porque no sabe cómo, la pelirroja tiene claro lo que los demás quieren, pero ante el temor de depositar su cariño en alguien que puede traicionarla o desaparecer, prefiere alejar a todos tratándolos con frialdad o derechamente hiriéndolos. Aunque caiga en desesperación al ver que la gente efectivamente se aleja de su lado.

“Anta baka, Shinji” (eres tonto, Shinji), le dice cada vez que éste mostraba el mínimo signo de debilidad o interés en ella. Una frase que terminó siendo icónica y hasta un meme.

Ya sea Misato Katsuragi, quien deja entrar con facilidad al resto pero bajo sus propios términos, o Ritsuko Akagi, quien prefiere evitar relacionarse más allá de lo profesionalmente necesario con tal de controlar la situación, todos los personajes de Evangelion se encuentran en algún punto intermedio, intentando encontrar el balance entre el dolor y el calor.

Como los erizos.

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