Por Bruno Delgado

Mientras de fondo suena el bajo de Locura Espacial, Eduardo Ibeas, la voz de Chancho en Piedra, se sienta en un sillón fuera de la sala de ensayo, en el patio de la casa de La Reina que usan como base de operaciones. Hacerse un tiempo no fue fácil en días que reparten, entre ensayos, promoción del próximo concierto y su labor de papá.

Este 15 de agosto, Lalo -como es más conocido- se presentará con los suyos en el Teatro Caupolicán para celebrar los 25 años con la banda que se formó en 1994. Y harta agua ha pasado bajo el puente desde que debutaron cuando eran unos adolescentes. 

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Hoy, el carismático frontman tiene 42 años y mira la vida y su trabajo desde otra vereda. De hecho, la entrevista se corrió un día, porque tenía que salir con Tomás, su hijo de 3 años al que le dice Guaguín, y “hacer de papá”, como bromeó en conversación con CHV Noticias.

Ser papá te cambia la perspectiva, uno mismo deja de ser la prioridad. El cambio fue para mejor, ahora tengo un norte”, comentó con una serenidad que sorprende al tener en la cabeza su habitual energía y característicos disfraces que usa durante los shows. 

Ante la pregunta de si los años le han bajado las revoluciones o si es así fuera de los escenarios responde que “siempre he sido más calmado que lo que la gente cree. Antes me llevaba el PlayStation 2 a la giras y cuando estábamos terminando me daban ganas de irme al hotel a jugar”. 

Amor por los videojuegos y la tecnología que se mantiene presente, pero para el que hay menos espacio. “Cuando te pones más viejo te das cuenta que hay que administrar mejor el tiempo. Antes eran prioridad, ahora es mi tiempo para leer o dormir. Y el momento que me queda para liberar la energía es cuando estoy sobre el escenario, porque nada cansa más que estar jugando todo el día con un cabro chico, más que como diez shows”. 

Otro aspecto en el que nota un cambio es en cómo recibe las críticas negativas por las letras de sus canciones, las que escandalizaron o, al menos, llamaron la atención durante el comienzo de su carrera. “Cuando éramos chicos me daba rabia leerlas y pensaba ‘¡qué se cree este tipo!’. Ahora digo ‘mala suerte, no le gustó nomas’. Además, la historia me ha ayudado a entender que una crítica mala no significa que la canción lo sea. Cuando salió el disco La Dieta del Lagarto (1997) fue súper criticado y ahora es uno de los más queridos”.

Curioso que mencionas ese disco, porque cuando lo tocaron entero en Lollapalooza Chile 2018 fue nuevamente cuestionado por las letras

Hay cosas que escribiste cuando chico que ahora no te representan, pero no reniego de ellas. A lo mejor alguna talla desubicada, pero creo que se entiende que fue una talla. 

Puntualmente fue cuestionado por un posible humor machista

No encuentro que tengamos letras que puedan sonar machistas. Se entiende el contexto. Estudiamos en colegio de puros hombres y que le escribíamos a los compañeros de curso para que se rieran, no porque odiáramos a las mujeres, ni por misoginia o fuéramos homofóbicos. Los Chancho siempre hemos estado contra los prejuicios. Alguien nos dijo que Eligiendo Una Reina era súper machista y es al revés. Nos estábamos riendo de los parámetros de belleza que dicen esto es bonito y esto no.

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¿Y qué piensas de artistas que ya no tocan canciones porque ya no los representan? Por ejemplo Café Tacuba con Ingrata

Estás en tu derecho de cambiarla, de no tocarla más o de seguir tocándola y que te de lo mismo. El problema es que nuestro arte es repetitivo. Si un director hizo una película incorrecta en los ‘80 ya pasó y ahora está haciendo otra. En cambio un músico está tocando las mismas canciones una y otra vez. 

Y eso hace que se enfrentan a las sensibilidades que están cambiando. Por ejemplo tallas que antes se normalizaban hoy se cuestionan 

Me parece la raja que estemos en una época en la que estemos rompiendo prejuicios, machismo, homofobia e intentando dejar todo eso atrás. Si hay algo que se puede interpretar de esa manera, lo podemos pensar y reinterpretar. Uno no es perfecto. Distinto es un tema que sea explícitamente racista, no tienes cómo defenderlo porque el tema habla de eso. Pero una talla mal interpretada no es tan terrible dentro del contexto de lo que realmente quieres decir.

No somos los mismos

La escena musical en la que debutó Chancho en Piedra es muy diferente a la actual. No había YouTube, Spotify ni redes sociales. La forma de grabar también es diferente. “Los dos primeros discos los grabamos en cinta, qué viejo, ni siquiera había Pro Tools (software de grabación, edición y mezcla de audio)”.

Lalo, que se define como “computín” y un “optimista de la tecnología”, recuerda que siempre ha tenido un ojo puesto en esa área. Recuerda que a mediados de los 2000 el diario El Mercurio tenía un suplemento llamado El Timón, donde escribía de videojuegos, admiración que ahora lo tiene estudiando Ingeniería Informática.

Una decisión que tomó para “profesionalizar su hobby”, como dice, y que refleja la nueva etapa en la que se encuentra. “Ahora estoy como en una especie de búsqueda de cómo me gustaría que fuera el futuro, pero al mismo tiempo en una etapa creativa bien interesante”.

Antes, según cuenta, cuando se juntaban a grabar y componer con la emblemática banda de rock chilena, lo hacían de forma más intuitiva. Ahora, dice, “hay una mayor humildad en la búsqueda artística que te permite darle vueltas hasta que la idea está más redondita”.

Proceso creativo que ha estado vinculado a su rol de padre y que muestra marcadas diferencias con sus primeras creaciones. “Me encanta ser papá, es el mejor trabajo que me ha tocado hacer y obviamente lo que escribo ahora no es lo que escribíamos cuando comenzamos, ni lo que hacíamos a los 20 años. Es como ir pasando etapas en un videojuego”.

¿Te arrepientes de cosas que hiciste?

Ahora estoy en esta etapa y me acuerdo de la anterior y me cago de la risa. No voy a renegar de lo que escribí o alguna tontera que hice, porque era lo que necesitaba en esa época, pero hacerla ahora se sentiría ridículo. Eso me permite no juzgar a alguien que lo está haciendo ahora. Algunos contemporáneos ven a los que hacen trap y dicen “¡cómo escriben eso!” y me dan dan ganas de decir “si nosotros estuviéramos ahora en esa edad escribiríamos cosas peores”.

Las familias de Lalo

La Familia Marrana es como se identifican los seguidores de Chancho en Piedra y los mismos miembros de la banda. Todos unidos por la música y el chancho Juanito. 

Pero ahora Ibeas formó otra familia con su esposa, Estefanía Opazo, a la que llama Familia Nuclear, mismo nombre del proyecto de YouTube, Instagram y Facebook, donde hablan regularmente con otros padres y madres y comparten recetas de comidas, tips de vacaciones y consejos para cuidar a los hijos. Incluso armaron un sitio web donde se pueden ver todos los capítulos de sus vlogs (video blogs).

“Cuando fuimos papás éramos primerizos y no teníamos mucho grupo de apoyo”, recuerda Lalo, quien comenzó esta fase de papá youtuber por accidente.

“Un día hicimos un Facebook Live por error, porque no sabíamos cómo funcionaba. Queríamos hablar con unos familiares para presentarle al Tomy y nos dimos cuenta que había mucha gente conectada y nos preguntaban cosas de la guagua. Y cuando leímos los comentario se nos ocurrió hacer una página para intercambiar datos”, cuenta.

Comunidad que partió como una equivocación, pero que al final se transformó en un grupo con el que incluso se han juntado a compartir. “Ha sido buena onda la experiencia, ha sido entrete y nos permite conocer gente que está en la misma”. 

– ¿Qué te ha enseñado ser papá?

Ver cómo se relacionan los niños en el jardín, en la plaza, me ha permitido entender hartas cosas de la vida, como que lo principal es dedicar tu tiempo a hacer feliz a otra persona. Años atrás si iba en un avión y me tocaba una guagua llorando podía reclamar y ahora le ofrezco ayuda a su familia. A mi me ha hecho mejor persona, creo.

¿Le darías algún consejo al Lalo que estaba comenzando con Chancho en Piedra?

Sí, el consejo para el Lalo del pasado es que el FIFA es mejor que el Pro Evolution Soccer (PES) y que no gaste su tiempo en esos juegos fomes.

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