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Han pasado 59 años desde la primera versión del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, casi seis décadas en que las cosas han cambiado diametralmente.

Claro, porque desde el escenario de cholguán al amplio despliegue técnico con el que hoy cuenta el certamen, existe un abismo de diferencia, mutaciones que han sido importantes a lo largo del tiempo.

Atrás quedaron las escenografías de madre o la recordada “concha acústica”, imágenes que son parte de la historia de este evento, que hoy cuenta con una de las escenografías más grande y moderna de la televisión.

Una de las escenografías de aquellos años que más permanece en la memoria de los chilenos, son las representaciones de las casas y arquitectura que caracteriza a Viña del Mar y Valparaíso, y que formaron parte del escenario en 1983.

Pascual Fuentes, tramoya en ese entonces del certamen, recordó que “ahí se veía la calidad del maestro, se necesitaba una mano calificada porque los trabajos eran muy específicos”, contó.

Pamela Hodar fue parte de esos festivales ochenteros, condujo cinco eventos, desde 1985 al 1990. “Era todo más artesanal, de verdad que el escenario teníamos que subir y bajar de distintas plataformas, para dar la impresión de que teníamos un gran escenario”, recordó sobre aquellas escenografías hechas a punta de martillazos y que hoy son reemplazadas por modernas pantallas que vuelven aún más impactante al principal escenario del continente.

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