El 7 de agosto de 2005 fue una fecha que marcó para siempre la historia de Brasil. Un grupo formado por 35 hombres logró llegar a la bóveda central del Banco Central de Fortaleza y robar unos 150 millones de reales, lo que equivalen a un poco más de 21 mil millones de pesos chilenos.

El método no fue sencillo. Fueron alrededor de tres meses de arduo trabajo, en donde los ladrones lograron excavar un túnel de 80 metros desde una casa contigua a banco. Aunque la mayoría de los involucrados en el hecho fueron capturados, hasta el día de hoy el dinero no fue recuperado en su totalidad.

En Chile aún no han ocurrido muchos intentos de robos con esas características, pero sí es una tendencia que ha ido en aumento durante el último tiempo. “Sólo en este 2020 ya han ocurrido dos intentos de robo por esta vía. Si es que los bancos no se apresuran a tomar medidas preventivas, es cosa de tiempo para que el siguiente robo ocurra con el método de túneles subterráneos”, explica Eduardo Olmedo Prado, experto en georradares.

Dos casos en lo que va del 2020

El 6 de febrero de este año en la comuna de Concón fueron detenidos 5 sujetos que intentaron acceder a las bóvedas un Banco de Chile, a través de un sofisticado túnel que al momento de su descubrimiento llevaba 50 metros de largo construidos. Según la Policía de Investigaciones (PDI), este grupo de personas llevaba un mes trabajando en el túnel al cual se accedía por una alcantarilla cercana.

También, este mismo año en el mes de mayo, la PDI descubrió un gigantesco túnel de 42 metros de largo y que llevaba directamente a las cajas fuertes de una empresa de valores en la ciudad de Coquimbo. Los mismos delincuentes estaban implicados en el robo de 15 mil millones pesos, ocurrido en marzo en Santiago.

“Por el momento los bancos y las policías no tienen un método claro para frustrar este tipo de robos. Lo más factible sería implementar un sistema preventivo basado en tecnologías modernas, como los georradares. Con ellos es posible ver los que bajo el suelo sin la necesidad de cavar”, manifiesta Eduardo Olmedo Prado.

Uso de la tecnología como prevención

El método de descubrimiento de este tipo de delitos hasta el momento ha sido a través de los ruidos y vibraciones que surgen con las construcciones subterráneas, y que son comunicadas a las policías por quienes habitan en las inmediaciones de lugar. Además, también los delincuentes se han delatado por las pistas que dejan, e incluso, por fallos en sus cálculos.

Así ocurrió en enero de 2017, cuando un grupo indeterminado de personas cavaron un túnel que tenía 18 metros de largo y que pretendía llegar a una bóveda del banco BBVA de Viña del Mar, pero que por un error de cálculo terminó llegando a una de las cocinas del recinto.

Sin embargo, en Chile sí han existido ejemplos de robos exitosos mediante la vía de los túneles subterráneos. Así ocurrió en junio de 2016, cuando un grupo de delincuentes logró llevarse un botín de $49 millones de pesos desde un Banco Estado de la ciudad de Coronel. El túnel que construyeron tenía 150 metros de profundidad.

“Los georradares funcionan como las radiografías. Son capaces de capturar imágenes que muestran precisamente qué es lo que hay debajo del suelo. La utilización de estas máquinas puede ser muy útil a la hora de prevenir robos. Los bancos y entidades financieras debieran incorporarlos a sus protocolos habituales de seguridad”, explica Eduardo Olmedo Prado.

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