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La vida de Francisco Verdejo (32) cambió de un día para otro. Nunca imaginó que luego de haberse torcido accidentalmente el pie y ser diagnosticado de sufrir un esguince, terminaría con una pierna menos.

Verdejo ahora acusa de negligencia médica al Hospital Regional de Rancagua (HRR), lugar donde habría sido mal evaluado y operado demasiado tarde. El joven afirma que tras una querella “espera que ésto no le vuelva a pasar ésto a otra persona”.

Además afirma que si gana algo de dinero con la querella, lo “usaría para comprarse una prótesis para poder volver a caminar”. Verdejo llevaba una vida completamente normal en la capital de la Región de O’Higgins; jugaba fútbol con sus amigos y trabajaba en proyectos inmobiliarios.

Pero esto cambio a comienzos de enero, cuando Verdejo dio un paso en falso al bajar de una vereda. “Me torcí sin siquiera caerme, fue una simple torcedura que podría pasarle a cualquier persona que camina”, agrega el joven rancagüino.

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Sin embargo, Francisco afirma que el dolor por la lesión era tan intenso que terminó yendo al SAPU más cercano. “Ahí me dijeron que era un esguince, con una contractura en la pantorrilla”, agrega.

“En ese momento sólo me prescribieron con antiinflamatorios y frío local para tratar la hinchazón”. Verdejo se fue a su casa con 5 días de reposo, sumados al tratamiento prescrito.

El hombre afirma que si bien la hinchazón desapareció, el dolor no lo hacía. Además, asegura que la sensibilidad de su pie comenzó a escasear. “Ponía el pie en agua helada, pero no sentía el frío como antes. Luego empezó a tener moretones y manchas”.

El dolor se intensificó tanto que decidió ir al servicio de urgencia del HRR, donde fue atendido por un “cirujano traumatólogo”. El médico de turno afirmó que se trataba sólo de un esguince, mientras Verdejo, preocupado, preguntó si le podían hacer exámenes más intensivos para averiguar qué era lo que realmente le estaba ocurriendo.

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“El me dijo que no era necesario. En la documentación aparece lo consideró ´no relevante´ y no me quedó otra que irme para la casa”, afirma Verdejo. Siguió con un tratamiento de antiinflamatorios y con reposo, hasta que una mañana despertó con un dolor insoportable.

En ésta ocasión, otro cirujano del HRR le palpó la pierna sólo para descubrir que no tenía pulso. “Me dijeron que tenía una trombosis, y que me tendrían que amputar la pierna. Se me cayó el mundo y me puse a llorar”.

No pudiendo comprar una prótesis por falta de ingresos, Verdejo busca querellarse contra ésta supuesta negligencia médica que le costó una de sus extremidades. Esto no tan sólo para exigir justicia, sino también para poder comenzar su vida de nuevo y de forma tranquila.

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