Una menor de un año y dos meses identificada como “M” recibió una brutal golpiza en Costa Rica.

La menor ingresó a la urgencia del Hospital Nacional de Niños y el médico que la atendió escribió una carta que rápidamente fue difundida por redes sociales.

“M” fue víctima de fuertes golpes en su rostro, cabeza y diversas fracturas en sus costillas, brazos y piernas.

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Tras varios intentos por salvar la vida de “M”, finalmente falleció tras cinco días hospitalizada debido a los multiples golpes propiciados por su propia madre y su padrastro, quienes fueron detenidos a la espera del juicio.

Tanto su madre como el padrastro de la menor señalaron que los golpes que tenía la bebé eran por una caída.

Debido a lo fuerte del caso, Marco Vargas, el médico que atendió a la menor redactó una desgarradora carta pidiéndole perdón a la pequeña por el daño que sufrió.

A continuación te dejamos con la carta que escribió el médico.

 

Perdón M
Acaba de fallecer M.
Eran las 10:28, la noticia llega mientras muchos equipos luchábamos contra el tiempo para rescatar a dos niños muy graves producto de un atropello, esa noticia cayó como lluvia torrencial al indigente que ya por mojado no le queda nada seco, ni el alma.

La noticia se acompaña de furia, profunda, sincera y devastadora furia humana, aquella que no te permite más que liberar una maldición primigenia contra quienes te hicieron daño, porque a diferencia de los que nos disponíamos a rescatar, M había sido lastimada, torturada y herida de muerte a propósito.

Es curioso, a la luz de un bello mensaje de Saramago, “Siempre acabamos llegando a donde nos esperan”, surge una llamada de auxilio de la pequeña M, su cuerpo con marcas de dolor y en agonía llega a un hospital en donde muchos hacen hasta lo imposible para que no muera en sus manos, muchos, como en esta noche, mueven sus almas y cuerpos para ser parte del conjunto de manos que se unen y en un esfuerzo extraordinario, calando la noche logramos traerla a un hospital en el cual se va a continuar la atención iniciada en el primero. ¿Será que M estaba llegando al lugar donde la esperábamos?

Pero ¿qué hizo esta pequeña? No sé.

Sus manos que deberían estar llenas de tierra de juegos y manchas de colores estaban blancas, vacías, abiertas a recibir, pero no, por Dios no, por favor no más dolor.

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Ahora sus manos tenían agujas y pulseras que no eran de colores sino para saber cómo su corazón luchaba para impulsar sangre.

Sus piernas hechas para jugar y correr detrás de flores y mariposas habían sido rotas y su piel llena de moretones no dejaba espacio para imaginar algo diferente a que esas piernitas fueron requeridas para huir, huir del miedo, del dolor y de la muerte.

Sus piernas, no alcanzaron.

Con sus ojos vacíos, como una casa vacía, con sus ojos despidiéndose de su alma la vimos, con sus ojos que a pérdida de su función por las hemorragias producto de violentísimas sacudidas, se tornaban en ópalos que miraban al infinito.

¿Qué hiciste M, cuál fue tu culpa para que siendo una pequeña recibieras tanto, tantísimo dolor?

¿Qué hiciste para morir sola, en medio de la multitud de una sala de cuidados intensivos?, ¿quién te dio la mano en el extremo momento? en el que el último vestigio de tu alma abandonaba tu cuerpo, el cual ya estaba tan roto que no podía albergar a un alma feliz.

¿Quién se robó tu felicidad, quién te arrancó a golpes las sonrisas? ¿quién cambio los colores navideños por el negro de tu muerte?

No estuve a tu lado, y sé que las enfermeras cuidaron tú último paso, pero quizá tus manitas buscaron el amor de entraña al sentir la muerte llegar, se abrieron con la esperanza de una mano de amor familiar y se cerraron en soledad.

Me da asco, el más profundo, vomito lo hediondo y negro de conocer el lado más brutal, sucio y depravado del ser humano, aquel que es capaz de desarrollar la conspiración de la muerte, esa conspiración que en forma metódica se propone cada día a robarse lo blanco de un niño, esa conspiración que a diario se programa para golpear, no dar de comer, infligir miedo y terror, lastimar, quebrar, y enloquecer a un pequeño ser humano.

Me da asco de quienes te hicieron tanto daño, y pido, ruego y suplico porque tu dolor no quede impune, pido por tu venganza, pues si bien esta no da paz marca el principio del final de tu justicia.

Ay M, que el ser supremo te haya recibido con todo el amor que esta tierra te negó, que ahora juegues lo que no te permitieron, que tus sonrisas llenen el cielo de los niños, que puedas vivir y crecer nueva como alma fuerte y ojalá feliz.

No puedo pedir perdón por este mundo o sociedad que una vez más le falló a un niño, porque una vez más llegamos tarde, una sociedad en donde abunda la indiferencia y los que están sufriendo son los niños.
Una vez más no hubo superhéroes que te llegaran a salvar.
Perdón M”.

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