La leche materna ha sido definida como un fluido bioactivo, o un tejido vivo que permite a los lactantes que se han alimentado con ella tener menor riesgo de contraer enfermedades infecciosas y presentar menor incidencia y severidad de éstas. Esto, porque la leche humana contiene una variedad de elementos inmunológicos que destruyen bacterias, virus y parásitos.

Además, ofrece a niños y niñas inmunidad pasiva, esto es, defensas que la madre le pasa en la leche protegiéndolo de ciertos gérmenes con los que ella ha tenido contacto. Pero no sólo eso, la lactancia también acelera la maduración de sus órganos y sistema inmunológico, permitiéndole defenderse mejor de las infecciones.

Al amamantar, el contacto piel a piel favorece el apego y estimula la creación de la vínculos de amor y seguridad entre la madre y lactantes, permitiendo que éste afirme su presencia como persona a través de la interacción con su madre. Es por ello que se considera que la interacción del niño o niña durante los primeros días, semanas y meses con sus padres, y la formación de las bases de su personalidad y seguridad en sí mismo, está estrechamente ligada al amamantamiento.

Favorecer la lactancia significa, además, ahorro de recursos para los servicios de salud por concepto de fórmulas, biberones y personal. La menor incidencia de enfermedades del lactante determina menor gasto de recursos en hospitalización, medicamentos y atención profesional.

Lee también: Especialista recomienda evitar estos 5 medicamentos si tienes una patología cardiovascular

Y para generar una lactancia exitosa, hay que asegurar una buena técnica de amamantamiento y un buen acoplamiento boca pezón-areola. Acá tres consejos que pueden mejorar el proceso.

– La madre se debe sentar cómodamente, con la espalda apoyada e idealmente un cojín sobre su falda. La cabeza del niño se debe apoyar sobre el ángulo del codo, mientras se sostiene la mama con los dedos en forma de “C”.

– La madre comprime por detrás de la areola con sus dedos índice y pulgar para que cuando el niño abra la boca. Al estimular el reflejo de apertura, tocando el pezón a sus labios, ella introduce el pezón y la areola a la boca del niño. Así su lengua masajea los senos lactíferos (que están debajo de la areola) contra el paladar y así extrae la leche sin comprimir el pezón (porque éste queda a nivel del paladar blando) y no provoca dolor.

– El o la lactante debe quedar abdomen con abdomen con la madre, quedando la oreja, hombro y cadera del niño en una misma línea. Los labios están abiertos, cubriendo toda la areola. La nariz toca la mama. Si se puede introducir un dedo entre la nariz y la mama, quiere decir que el niño está comprimiendo el pezón y no masajeando la areola.

Tags:

Deja tu comentario