En una época de pandemia y, para muchas personas, de soledad, sonreír ha resultado difícil. No sólo eso, pues también se ha ido perdiendo el valor que esta acción tan simple y cotidiana tiene en la vida del ser humano, así como su impacto que genera en la rutina diaria.

“Si antes teníamos un problema en Chile de que nos faltaban muchas sonrisas, la verdad es que la pandemia, el confinamiento, la imposibilidad de encontrarnos con los demás y vincularnos con las familias y los compañeros de trabajo; y además, las dificultades en términos económicos y emocionales, la sonrisa nuestra está más difícil que nunca”, señala Raúl Valdivia, director ejecutivo de la Fundación Sonrisas.

No obstante, un error común que se produce al referirse a la sonrisa es relacionarla estrictamente con la acción propia de sonreír y los efectos positivos en la mentalidad de una persona que esta pueda generar, ignorando los trasfondos del porqué la gente ha dejado de sonreír en la cotidianidad de su vida.

“La sonrisa está en todo lo que hacemos. Desde el punto de vista funcional, de la salud, una dentadura adecuada te ayuda a comer, a hablar bien, a expresarte. Te ayuda a expresarte y funcionar en el cotidiano. Desafortunadamente, mucha gente, por problemas de salud bucal, no lo puede hacer como se merece”, precisa Valdivia.

Las cifras a nivel nacional, de hecho, fueron precisamente las que motivaron la creación de la Fundación Sonrisas en marzo de 2013: 4.000.000 de chilenos declaraban que su salud bucal afectaba su calidad de vida, el 70% de los chilenos no tenía acceso real a la atención, y a los 6 años un niño del segmento socioeconómico bajo ya tenía 3 veces más daño que un niño de un segmento alto.

Lee también: Consejos para el correcto cuidado de la salud bucal de tus hijos

“Un gran problema en Chile es que muchas personas no pueden sonreír con dignidad por problemas en sus dientes. Eso es lo que esta fundación se propone cambiar. Tenemos que contar con mejor acceso, mejor educación infantil para que los niños no se enfermen y mejores políticas en el país para que todo el mundo tenga acceso a una sonrisa como se merece, una red de aliados del mundo privado y de marcas especialistas en higiene bucal, como Oral-B”, añade el director ejecutivo de la Fundación Sonrisas.

Por ello, muchas de las personas que han participado de los programas de este organismo sin fines de lucro han resaltado los cambios positivos que produce la sonrisa.

“Algún día dije que la sonrisa es un gesto de felicidad que vas dejando y que no quieres hacer aunque estés feliz. Por eso me escondo. Sólo quiero ser feliz y sentirme más segura. Sólo quiero que mi hija, cuando termine el colegio, pueda verme con todos mis dientes y se sienta orgullosa de mí. Lo estoy logrando y estoy súper feliz. Ya tengo más de la mitad hecho”, valoró una integrante.

Otro agregó: “Lo que más me afectaba era la autoestima. En el mismo trabajo yo me arrancaba de los grupos de compañeros. Llegó el momento en que no quería llevar a mi hija al altar, porque no quería que me sacaran fotos o que me dijeran ‘Sonría’”.

En ese sentido, la coordinadora social de la Fundación Sonrisas, Javiera Tapia, explicó que la recuperación de la sonrisa no sólo supone un proceso de higiene bucal, sino que también produce un efecto psicosocial.

Esto puede percibirse, según señaló Javiera, en “la autoestima, la autoconfianza, la forma en que me puedo relacionar con otras personas, incluso desde la vida amorosa al mundo laboral. Los usuarios de la fundación que recuperan la sonrisa nos relatan el impulso positivo que hay detrás del tratamiento odontológico con actos tan sencillos, como volver a expresar la felicidad y reír libremente”.

Y añadió: “De esta manera, podemos definir la sonrisa como un motor de cambio que impacta de manera positiva en la vida de las personas”.

La doctora Macarena Sierra, coordinadora de Proyectos Odontológicos en Fundación Sonrisas y médico tratante de los usuarios, valoró las palabras entregadas por los participantes, sobre todo por la evolución que atraviesan desde que comienzan con el programa hasta que recuperan su sonrisa.

La sonrisa tiene un poder tremendo en la vida de las personas y los ayuda a superar barreras sociales y convertirse en una mejor versión de sí mismos”, concluyó la experta.

Finalmente, si bien resulta valioso el proceso de recuperación de la sonrisa en la vida de las personas, también se sugiere la implementación de políticas públicas que apunten a la prevención más que a la reacción, sobre todo a temprana edad.

“No queremos más personas adultas que vivan con vergüenza y tengan ese sufrimiento por años, de esconderse por no poder sonreír. Eso, recuperarlo, es doloroso, caro y difícil. La mejor inversión que podemos hacer como país es cuidar la sonrisa de los más niños y niñas. Nuestra responsabilidad es que tengan una formación de hábitos de autocuidado y de rutina, que pueden complementarse en las escuelas también”, enfatiza Raúl Valdivia.

Lee también: Cómo manejar una urgencia odontológica en plena crisis sanitaria

Tags:

Deja tu comentario