Efectos del confinamiento en niños y niñas: ¿Cuáles son las señales de alerta?

La psicóloga de Clínica Bupa Santiago, María Ignacia Olate, detalla que debido al encierro, los más pequeños del hogar pueden presentar cambios en los hábitos de sueño, en las conductas alimenticias o en los estados de ánimo. ¿Cuándo deberían consultar y con quién?

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Con casi el 70% de la población chilena en confinamiento y con las restricciones en cuanto a los permisos de desplazamiento para las comunas en cuarentena, expertos y padres expresan su preocupación en cuanto a los efectos del encierro en los niños y niñas.

María Ignacia Olate, psicóloga de Clínica Bupa Santiago, explica que «los niños y adolescentes de todas las edades están vivenciando de manera distinta las consecuencias pandémicas y del confinamiento del último año vivido. Pero es indudable que los más pequeños presentan mayor dificultad para gestionar y expresar emociones».

En ese sentido, la especialista indica que los más pequeños del hogar «están en desventaja con respecto al manejo de los cambios experimentados durante el último periodo, ya sea por temas de falta de adquisición de lenguaje o por desconocimiento de las emociones vividas».

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Las señales de alerta

Para la psicóloga de Clínica Bupa Santiago, es muy importante estar alerta a cualquier cambio, tanto conductual o anímico, ocurrido en los niños y niñas.

«En este periodo de incertidumbre es habitual que los niños presenten síntomas tanto conductuales, como afectivos. Ante cualquier cambio presentado que parezca inusual para el desarrollo habitual, es importante tomar atención y consultar a un profesional, ya sea del área de la salud mental o a través de los controles habituales con su pediatra, para que el profesional entregue orientación», señala Olate.

Según detalla la experta, algunos de los cambios conductuales más vistos en el último tiempo son:

  • Escasa tolerancia a la frustración.
  • Cambios de humor repentinos ante estímulos que antes no causaban inquietud.
  • Mayor desajuste conductual a la hora de enfrentar situaciones; niños más sensibles e irritables.
  • Dificultad para adaptarse a los cambios y a esta nueva modalidad.
  • Interferencia en la concentración y la atención, lo que se puede ver reflejado en la pérdida de interés y motivación, y en una baja de su desempeño escolar.

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«Una pronta atención siempre beneficia el proceso y entrega mayor tranquilidad a las figuras de cuidado, las cuales muchas veces también se encuentran sobrepasados por la situación actual», expresa Olate, quien insiste en la necesidad de consultar a un especialista cuando el cambio en el niño persiste por un periodo mayor a tres semanas.

Rutina, comunicación y actividad física

Asimismo, la profesional de Clínica Bupa Santiago hace un llamado a mantener rutinas claras y estables, que entreguen estabilidad psíquica y emocional al menor. De esa forma, según indica, se permite evitar llegar a un nivel agudo de estrés.

Añade que también es necesaria la comunicación. Explicar de manera adecuada y acorde a la edad del niño cuál es la situación en la que se encuentra el país para bajar los niveles de incertidumbre y estabilizarlos emocionalmente.

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«Resulta clave motivar a los niños a que se conecten con sus emociones, lograr identificarlas, reconocerlas y verbalizarlas. Mantener un juego de calidad, por al menos 40 minutos al día, puede ser de mucha ayuda. Esto quiere decir estar concentrados y entregados a la actividad que se está realizando», afirma Olate.

Finalmente, María Ignacia Olate resalta la importancia del ejercicio físico. Según explica, realizar actividad física, al menos 15 minutos diarios, estabiliza niveles y podría favorecer el bienestar de niños y adultos.


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