Convengamos algo: el calentamiento global es un hecho, ya está aquí. Basta de hablar de los efectos que “tendría, dejaría o produciría” el cambio climático; esos verbos no deben conjugarse en futuro, ni menos, en condicional. Así lo estima el 97% de la comunidad científica mundial.

Las emisiones de gases contaminantes, que aceleran el efecto invernadero en el planeta, han elevado la temperatura media de la Tierra en más de un grado respecto a la época que antecedió la revolución industrial en el siglo XIX, afirma el más reciente informe del Grupo Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC) que asesora a Naciones Unidas.

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¿Qué efectos tiene en el clima de Chile?

En general, nuestro país sufre un aumento de los eventos atmosféricos extremos. “Tenemos un incremento en las olas de calor, tanto en su frecuencia como en su intensidad. Otra consecuencia es la disminución en la cantidad de precipitaciones en la zona central y sur del territorio. En promedio tenemos un 20% menos de lluvias y la cantidad de agua seguirá debilitándose. Mientras que en el norte aumentarán los eventos extremos con lluvias breves, pero intensas”, afirma la meteoróloga, Claudia Villarroel, de la Oficina de Cambio Climático de la Dirección Meteorológica de Chile.

Estas características se incrementaron a partir de 2010, el problema es que “las proyecciones anticipan lo mismo que ya se está observando, pero con una tasa de aumento aún mayor. Entonces, en el Chile del año 2050 tendremos el doble de episodios climáticos extremos con respecto a los que registramos hoy”, anticipa la especialista.

A grandes rasgos, el cambio climático dejará cada vez con mayor intensidad y frecuencia: tormentas en el norte del país, altas temperaturas en el centro-sur y una disminución progresiva de las lluvias.

La temperatura promedio del planeta sube 0,22 grados celsius cada década, mientras que en Chile promedia 0,12 grados cada diez años; según los datos que maneja la Dirección Meteorológica de Chile. La zona central es la que más ha experimentado este incremento térmico, especialmente, en los valles y en la cordillera. Este último es el dato más alarmante.

A CUIDAR EL AGUA

“El problema hídrico es la consecuencia del cambio climático que más afecta a Chile”, aporta Martiza Jadrijevir de la oficina de Cambio Climático perteneciente al Ministerio del Medioambiente.

En ese aspecto, sostienen los expertos, lo más preocupante es el alza de temperatura en la cordillera de Los Andes. Esto hace que cada vez tengamos precipitaciones en estado líquido a una mayor altitud. Es decir, en dónde antes nevada ahora llueve y esa agua escurre inmediatamente por los ríos. En consecuencia, nos estamos quedando sin ese “embalse natural” que era la nieve en la alta montaña.

A la falta de reservas de nieve, y producto de lo mismo, se suma el derretimiento de los glaciares; otra fuente importante de agua dulce. Es el caso del glaciar Echaurren que, junto a otros de menor tamaño, abastecen al río Maipo.

Según la Unidad de Glaciares y Nieve de la Dirección General de Aguas, con la actual tasa de derretimiento, estos glaciares podrían desaparecer en los próximos 50 años. Un dato relevante considerando que el río Maipo abastece de agua potable a casi el 80 por ciento de los habitantes de Santiago.

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