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La mañana del viernes 11 de diciembre de 1998, Augusto Pinochet enfrentaba su primera comparecencia en los tribunales ingleses.

La noche anterior, su esposa Lucía Hiriart celebraba sus 76 años en lo que el diario La Segunda titularía «la llorada fiesta» de la mujer fuerte de Cema Chile.

La mujer del ex dictador estaba acompañada por figuras como el restorantero Coco Pacheco, la cantante Patricia Maldonado y las esposas de militares Bárbara Coombs (de Labbé, Cristián: ex agente de la DINA, entonces alcalde de Providencia) y Liliana Toro (de Stange, Rodolfo: ex general director de Carabineros, entonces senador).

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Los asistentes encontraron a Hiriart visiblemente más flaca. Mientras, ella agradecía la presencia de la concurrencia. «Aunque esté aquí en tierra extraña, con dolor en el alma, he sentido el cariño de todos ustedes aquí al lado mío», expresó.

«Mañana, desgraciadamente, van a lograr algo que han deseado todo este tiempo […]: humillar a mi marido y llevarlo a una corte. Pero no olviden que a él jamás le va a faltar esa fortaleza de espíritu para tener alta su frente en nombre de Chile», continuó la señora Lucía.

El día señalado, Pinochet estaba acompañado por su abogado Miguel Alex Schweitzer y su hijo Marco Antonio. También habían asistido a la sesión el senador Ignacio Pérez Walker (RN) y el diputado Pablo Longueira (UDI). Se habían quedado afuera los parlamentarios UDI Jorge Ulloa, Rodrigo Álvarez y Jaime Orpis.

Se trataba de un momento histórico. Era la primera vez que un tribunal británico juzgaba a un ex jefe de Estado que llevaba pasaporte diplomático.

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Frente al juez Graham Parkinson, el general retirado se presentó de terno, sentado sobre una silla de ruedas. «Soy Augusto Pinochet Ugarte. Soy comandante en jefe del Ejército de Chile, ex presidente de la República y actualmente senador de la República», se presentó en primeras.

El juez lo hizo volver a presentarse. «Fui comandante en jefe del Ejército de Chile y capitán general de Chile, ex presidente de la República y actual senador», reformuló Pinochet.

El ex dictador desafió la competencia de la corte inglesa para ver su caso, afirmando «que no reconozco la jurisdicción de ningún otro tribunal excepto de mi país para que se me juzgue de todos los embustes que han dicho los señores de España». Sin embargo, el abogado defensor de Pinochet, el inglés Clive Nicholls lo rectificó: «Yo sí la reconozco [la competencia de los tribunales ingleses]».

El día sábado, algunos medios de comunicación publicaron una inserción a doble página. Se trataba de una carta abierta del general retirado. Si bien reconocían que la carta no era una declaración de puño y letra, sí era un manifiesto con las ideas y reflexiones del mismo Pinochet.

Esta misiva pretendía opacar el impacto de que los diarios titularan su comparecencia ante el tribunal de Belmarsh. Al mismo tiempo, esta carta buscaba alentar moralmente a los partidarios del ex dictador.

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Pinochet expresó que «al final ya de mi vida, no obstante el cansancio y los sufrimientos que me han provocado tantas injusticias y tantas incomprensiones, quiero decirles que aun cuando todavía tuviera que enfrentar mayores adversidades, jamás mi espíritu será derrotado. Nada doblegará mis convicciones».

«Soy falsamente juzgado en numerosos países europeos, en una operación dirigida por quienes se dicen mis enemigos, sin que exista por lo mismo la más remota posibilidad de [que ellos] lleguen a comprender nuestra historia y a entender el espíritu de lo que hicimos. Soy absolutamente inocente de todos los crímenes y de los hechos que irracionalmente se me imputan», señaló el ex dictador.

A renglón seguido, Pinochet se proclama víctima de potencias extranjeras. El general retirado reclama que «ojalá superemos pronto nuestra actual condición de país débil, pequeño y lejano para que nunca más un chileno, cualquiera sea su condición, vuelva a sufrir las vejaciones y las humillaciones que hoy sufro, precisamente porque no tenemos fuerza en el concierto de las naciones para hacernos respetar».

Pinochet comenzaba a hacerse la idea de que estaría recluido en Londres por un largo rato.

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