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La muerte de la pequeña Sophia de tan solo un año once meses, ha causado múltiples reacciones en todo el país, ya que la crueldad con la que actuó el presunto autor de su fallecimiento (y presunto padre biológico), Francisco Ríos Ríos, remueve el sentir de una sociedad completa.

Según las pericias, Sophia falleció por aplastamiento, con al menos seis órganos dañados, sumado a signos un tanto evidentes de abuso sexual, transformándose en un caso que ha sorprendido tanto al fiscal como al doctor que recibió a la menor en el centro médico donde fue atendida.

Sin embargo, un reportaje publicado por El Llanquihue, devela una situación que le entrega mayor contexto a esta brutal muerte, y es que según el escrito, Sophia había sido llevada de urgencia en 14 ocasiones a centros de salud durante el 2017.

Dentro de tales ocasiones, al menos tres tenían relación con golpes, pero a pesar de ellos, dentro de los recintos médicos no se realizó una alerta a las autoridades correspondientes.

Incluso, entre el 21 y el 25 de enero del 2018, la menor fue víctima de otras agresiones que fueron calificadas como “”un trauma contuso compatible con niño sacudido y un trauma contuso facial, cervical y de miembros compatible con manipulación o contención enérgica con dedos y manos”.

Como si lo anterior fuera poco, según los registros del Cesfam, la menor no acudió a sus controles durante casi todo el 2017, a pesar de presentar estos traslados de urgencia (14), de los cuales la mayoría se relacionaban con síntomas de diarrea, vómito, resfríos, entre otras dolencias.

 

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