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Sin duda se trata de una de las preparaciones más propias de la chilenidad y son un verdadero clásico de la mesa local, sobre todo durante cada invierno.

Por eso no resulta extraño que en redes sociales exista mucha expectación por celebrar el “Día Nacional de la Sopaipilla Pasada”, una fecha que, aunque no ha sido establecida de manera formal como el día de la piscola o el día del completo, por ejemplo, se ha instaurado de manera espontánea, tomado fuerza entre los fanáticos de esta masa de harina y zapallo, la que se transforma en reina cada 10 de julio.

Antecedentes históricos en torno a este producto señalan que la receta llegó a América en el 1700, junto con los colonizadores españoles que las llamaban “sopaipa”, palabra de origen árabe que significa pan mojado en aceite.

Según consta en un artículo publicado por ww.abc.com en 2015, habría sido el pueblo mapuche quienes la bautizaron como “sopaipillas” en honor a un ave de la región que sobrevolaba por los cielos precolombinos.

Sin embargo, el aporte local a esta preparación que fue adoptada y adaptada a nuestra cultura está en la popular “chancaca”, un producto típico de la repostería chilena elaborado con azúcar sin refinar y melaza, saborizada con canela y cáscara de naranja o limón, según detalló la misma publicación, y que establecería la diferencia con otras preparaciones similares extranjeras, como ocurre en ciudades como Texas, Arizona y Nuevo México en los Estados Unidos, también las preparan, con el mismo nombre y de la misma forma desde hace al menos 300 años, al punto que fue reconocida como “pastel oficial” del Estado de Texas entre 2003 y 2005.

 

 

 

 

 

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