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Indignados se encuentra un grupo de ciudadanos haitianos viviendo en Chile, luego que una empresa contratista no les pagara el dinero prometido por el trabajo que realizaron en una construcción en la capital.

“Soy extranjero y quiero la plata para comer. Yo quiero mi plata”, gritaba uno de los trabajadores que espera desde el 5 de febrero recibir el sueldo correspondiente al mes de enero.

“Me deben 16 días a 20 lucas, son 320 lucas y el no vienen nunca”, dijo uno de los afectados, refiriéndose al capataz de la obra, quien en varias ocasiones los ha citado para efectuar el pago. Sin embargo, nunca se encuentra en la obra.

Una situación compleja, que complica a los extranjeros, sobre todo al momento de encontrar un lugar donde vivir. Este es el caso de una familia haitiana que fue desalojada de la casa que habitaban en la comuna de Conchalí, debido al no pago de varios meses de arriendo.

Los vecinos alegan que fueron desalojados de noche, sin aviso, dejando muebles, camas e incluso, un refrigerador, en la calle.

Pero este no es el único difícil panorama que inmigrantes deben enfrentar, por ejemplo, en el acceso a la educación.

Este es el caso de siete jóvenes extranjeras que rindieron la PSU siendo seleccionadas en varias universidades del país. Sin embargo, les fue negado el acceso a la gratuidad, debido a que no cuentan con residencia definitiva.

El Servicio Jesuita Migrantes presentó un recurso de protección en contra del Ministerio de Educación, por el derecho de igualdad ante la ley. 

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