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La violencia en México crece cada día y para este domingo, en pleno acto cívico de concurrencia a los comicios, ese panorama no quedó atrás.

Hay aprensión generalizada en su gente, quienes incluso temen por un escenario que propicie un golpe de estado en el corto o mediano plazo. Y la historia avala que ese temor no sea infundido.

En noviembre de 2017 el mismo estado mexicano entregó una cifra que remece: una tasa acumulada de 26.573 muertos por asesinatos; en promedio 80 homicidios diarios. Este número lo convirtió en el país más violento de los últimos 20 años.

Además, muchos de esos asesinatos se dieron de manera sanguinaria con cuerpos mutilados, calcinados, tirados en carreteras. Incluso policías y militares emboscados que fueron brutalmente aniquilados.

Este escalofriante recuento, contrastó por unos días con la selección mexicana de fútbol que este lunes se juega su paso a cuartos de final contra Brasil en el mundial de Rusia, pero los votantes que se acercaron a los escrutinios tampoco pueden olvidar que, desde septiembre del año pasado hasta la fecha, fueron 136 políticos los asesinados.

Cuatro candidatos para un puesto

Son cuatro los aspirantes a la presidencia en México, siendo Andrés Manuel López Obrador el principal candidato, quien se presentó con 20 puntos de ventaja según encuestas más recientes.

Con un estilo que no deja indiferente a nadie, AMLO -como también se le conoce- pretende dejar atrás la violencia con una reformulación de las ideas de la Revolución Mexicana, tratando así de establecer una segunda revolución que desafía a la suprema corte de justicia, al gobierno actual y sus fuerzas armadas.

La opinión pública reconoce, en general, que tristemente se han acostumbrado a los niveles de violencia, sumado a la corrupción que atraviesa todo el espectro político mexicano. Estos dos ingredientes, han abierto la puerta para que un personaje como López Obrador sea el casi seguro nuevo mandatario del país azteca.

Con su presumible elección, los mexicanos añoran, eso sí, con esperanza, que a partir de este nuevo proceso eleccionario, independiente de quién resulte vencedor, estos índices de violencia comiencen a bajar poco a poco.

La pobreza, el narcotráfico y la corrupción serán las grandes amenazas que deberá enfrentar el nuevo gobierno que asuma el desafío de buscar la paz o, al menos, una transición hacia ella en el país más violento del orbe.

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