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Este martes, un toro y una vaca se dieron el sí en India en una multitudinaria boda, con el objetivo de alegrar al dios de la lluvia Indra y acabar con el azote de una interminable sequía.

“La región prosperará si hay lluvia, ha habido muy poca lluvia en nuestra aldea. La lluvia ayudará a nuestros cultivos a prosperar, de modo que lo estamos haciendo para evitar la sequía“, explicó el organizador de la inusual ceremonia, Ghanshyam Sharma.

El enlace entre la pareja bovina se culminó a primera hora de la tarde en el pueblo de Kalara, en el estado de Madhya Pradesh, ante cientos de invitados, once sacerdotes hindúes y una banda de música acompañada de pinchadiscos al más puro estilo del cine de Bollywood.

Nandeshwar vestía guirnaldas de colores y flores, y portaba una campanilla al cuello, mientras que Nandini, con todo el cuerpo teñido de amarillo de polvos gulal, llevaba su frente adornada con una rama de helecho y el lomo cubierto por un manto bermellón.

Antes, en la procesión inicial, las mujeres del pueblo vestidas con sus mejores saris habían acompañado a Nandini, mientras que los hombres hicieron lo propio con el novio entre bailes, en una ceremonia en la que siempre se siguieron “los rituales hindúes”, precisó Sharma.

La falta de precipitaciones y de ver que los nubarrones descargaban siempre agua en los pueblos vecinos y nunca en el suyo, empujó a los habitantes de Kalara a esta inusual ceremonia para acabar con el olvido del dios Indra.

Para ello, los humildes vecinos recaudaron alrededor de 50.000 rupias (unos 730 dólares) para celebrar la boda y cubrir los gastos del menú, los tamborileros o los coloridos trajes de los novios.

Con la ceremonia, además de pedir lluvia y el fin de la sequía, los habitantes de Kalara buscaron también llevar paz a la región y obtener la “salvación” de los ancestros del pueblo, “tal y como está escrito en las escrituras, en el Garuda Purana, para ser precisos”.

En un país altamente dependiente de la agricultura, la falta de lluvias supone un grave problema y los lugares que no son bañados por las precipitaciones asociadas al monzón entre junio y septiembre tienen pocas posibilidades de recibir agua el resto del año.

 

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