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El Vaticano resolvió que haber tenido sexo no es un impedimento para quienes deseen formar parte de las denominadas “vírgenes consagradas”, es decir, las mujeres que deciden vivir en castidad perpetua y dedicar sus servicios a Dios.

La medida fue anunciada públicamente el pasado 4 de julio en la instrucción “Ecclesiae Sponsae Imago” sobre “el Ordo virginum” (el Orden de las vírgenes), que fue elaborada por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica y aprobada por el Papa Francisco.

Esta decisión causó polémica en la Asociación Estadounidense de Vírgenes Consagradas, que reclaman especialmente lo indicado en el artículo 88. “Se tendrá presente que la llamada a dar testimonio del amor virginal, esponsal y fecundo de la Iglesia a Cristo, no se reduce al signo de la integridad física“, señala el apartado.

“Haber guardado el cuerpo en perfecta continencia o haber vivido ejemplarmente la virtud de la castidad, aunque es de gran importancia en orden al discernimiento, no constituye requisito determinante en ausencia del cual sea imposible admitir a la consagración”, agrega.

El mismo artículo indica que “el discernimiento exige, por tanto, mucha discreción y cautela y debe hacerse individualmente”.

“Cada aspirante y candidata es llamada a examinar la propia vocación con respecto a su propia historia personal, con veracidad y autenticidad delante de Dios, y con la ayuda de un acompañamiento espiritual”, concluye.

  • Los reclamos

A través de un comunicado, la organización estadounidense de “vírgenes consagradas” manifestó su descontento y señala que ese artículo parece indicar “que la virginidad corporal, si bien es importante, no es un requisito previo esencial para ser admitida en el ‘Ordo virginum'”.

Las integrantes de este grupo consideran que “cuando una virgen ofrece su virginidad a Cristo, ella ofrece su virginidad integral, física y espiritual”.

Afirmaron que este documento podría haber indicado que las mujeres que ya tuvieron sexo “no tienen el don de la virginidad para ofrecer a Cristo” y “pueden hacer un voto privado de castidad o ingresar a otra forma de vida consagrada, pero la consagración de las vírgenes no está abierta para ellas”.

 

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