Por Macarena Casanova
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Fue en una concentración organizada por el Partido Humanista en la Población Juanita de Aguirre de Conchalí, en septiembre de 1988, cuando Florcita Motuda dio vida al “El vals imperial del NO”, uno de los temas más recordados de la campaña del Plebiscito.

“Yo dije: ‘¿Quieren que cante? Ya, ¿qué canto, qué canto? Tiene que ser algo del NO’. Entonces empecé ‘no no, no no, no nooo’ y ahí se me vino a la mente el famoso vals de los novios. No fue una genialidad, ni me las di de gran artista, fue algo espontáneo”, cuenta el ahora diputado del Frente Amplio a CHV Noticias, que en ese entonces causaba polémica por subirse vestido de frac y con una banda tricolor al Festival de Viña de 1987.

Con el paso de los días, Motuda fue participando en nuevas manifestaciones a favor del NO y -motivado por sus aspiraciones democráticas- perfeccionó la letra de su adaptación de “El bello Danubio azul”, el famoso vals del austriaco Johann Strauss II.

“Se empieza a escuchar/ no no/ En todo el país/ no no/ Cantan los de allá/ no no/ También los de acá/ no no/ Canta la mujer/ no no/ Y la juventud/ no no/ El NO significa libertad/ Todos juntos por el no”, dice la canción que repite 77 veces la palabra “no”, más que cualquier otro tema prohibido en dictadura.

Incluso, en uno de los versos, el músico chileno homologó la contingencia de Chile con los deseos de emancipación imperial de principios del siglo XIX. “Transcurrían los años 1814 y en los salones imperiales corrían aires de libertad, y el célebre cantautor Johan Florestain preparaba esta linda canción en contra del Emperador”, recitó Motuda.

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El juglar que llamaba a perder el miedo

La figura de Raúl Alarcón -el en ese entonces verdadero nombre de Florcita Motuda- estuvo asociada desde sus inicios con la irreverencia. Con Pinochet al mando, el músico se alejó de los escenarios, porque, según sus palabras, se sentía vigilado.

Pese a ello, volvió a la carga cuando se empezó hablar del Plebiscito, pero esta vez disfrazado de candidato presidencial, convirtiéndose en una especie de juglar de la campaña del NO.

Según sus palabras, buscaba “pasarse el respeto por los símbolos patrios por buena parte, mostrando rebeldía por todo aquello considerado como ‘respetable’ en la dictadura”.

Luego vino la composición de “El vals imperial del NO”, que gracias a su conocida entonación pretendía reforzar la idea del “matrimonio de Chile con la democracia” y hacer que las personas perdieran el miedo al régimen.

“La familiaridad de la melodía fue clave y la gracia fue re-presentarla sin solemnidad, como si el triunfo del NO pudiera instalarse con frescura dentro de un flujo de hitos históricos a la altura de Strauss”, explica la periodista Marisol García, autora del libro “Canción Valiente”.

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La transversalidad del vals

Además de “Chile, la alegría ya viene”, hubo dos temas de Florcita Motuda que se incluyeron en los clips de la tanda publicitaria opositora: “El vals imperial del NO” y “Nadie lo quiere ver, nadie lo quiere recibir”. Ambos también formaron parte del casette “La fiesta del NO”, editado en 1988.

El impacto del vals entre los chilenos fue tal que no solo encantó a los adherentes del NO, sino que también a los simpatizantes de Pinochet. Esto, según Motuda, se debe a que es una “obra de no violencia, inspirada y creativa, que neutraliza la violencia”.

De hecho, las repercusiones de esta canción también llegaron al círculo cercano del dictador. Tanto así que se llegó a prohibir a los militares bailar el vals de los novios en sus matrimonios.

Igualmente, Florcita -quien hoy adoptó su apodo como nombre legal- recuerda que el director Fernando Rosas “me paró en la calle muerto de la risa para contarme que a la Orquesta Sinfónica le tenían prohibido en ese tiempo tocar ‘El Danubio Azul’, porque el público comenzaba a tararear no-no-no-no”.

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