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La prohibición de fumar en espacios cerrados no impide que las toxinas del humo de los cigarros encuentren la manera de llegar a esos lugares, según un estudio que publica Science Advances.

Un grupo de ingenieros medioambientales de la estadounidense Universidad de Drexel descubrió que los residuos químicos del humo del tabaco (humo de tercera mano), que se pegan a las personas y las cosas cercanas, “pueden encontrar la forma de llegar al aire y circular por edificios en los que nadie ha fumado”.

Esos productos químicos del humo de tercera mano pueden adherirse a partículas de aerosol, lo que les abriría las puertas a ambientes donde está prohibido fumar.

Por ello “es probable que la gente esté expuesta a más de estas sustancias químicas dañinas de lo que se pensaba anteriormente”, indica un comunicado de la Universidad.

El estudio profundiza en la comprensión de hasta qué punto pueden estar extendidos los productos químicos del humo de los cigarrillo, incluso en un ambiente interior donde no se permite fumar.  EFE

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