Imagen referencial (Agencia UNO).

En los últimos días, el término “lumpen” ha sido utilizado por políticos o líderes de opinión para referirse a los grupos han cometido vandalismo o, derechamente, han saqueado locales comerciales, aprovechando el contexto de las manifestaciones sociales.

Lee también: Decenas de personas han sido detenidas por saqueos a locales comerciales en el país

Aunque en rigor el término podría estar bien utilizado, dado que la RAE define “lumpen” como un grupo social urbano conformado por individuos socialmente marginados, una profesora chilena publicó un conmovedor relato que hace reflexionar acerca de cuánta responsabilidad tiene la sociedad en su conformación.

El texto firmado por Natalia Casas cuenta la historia de un niño que nació y creció en un ambiente desprotegido, carente de afectos y de atención.

Lee también: No alcanza: Así vive una familia con el sueldo mínimo de $300 mil

En el relato describe cómo ese niño se transformó en un adolescente problemático, que no terminó el colegio y cayó en la delincuencia. “La marginalidad lo acogió, ahí se sentía él mismo, no juzgado, libre. La oscuridad, las esquinas, el asfalto fueron su hábitat”, dice el texto.

Finalmente, la profesora relata cómo el “lumpen”, hoy convertido en hombre, ejerce actos que dañan a la comunidad y es condenado públicamente por ellos. “Naciste para ser amado, atendido y educado, pero no tuviste la suerte de tener una familia ni un país que lo hiciera”, reflexiona Casas.

El texto se convirtió en viral luego de ser publicado por Mamadre en Facebook, donde ya ha sido compartido más de 18 mil veces.

A continuación, léelo completo:

Lumpen una vez fue un bebé en la guatita de su mamá, quien no siguió la mejor dieta que lo nutriera adecuadamente, incluso ella consumió alcohol y drogas durante su gestación. Cuando bebé Lumpen nació no encontró un pecho tibio ni alguien que oliera extasiado el aroma de su cabecita. Bebé Lumpen lloró y lloró, pero solo encontró oídos sordos. Aprendió sus primeras palabras y dio sus primeros pasos, pero los aplausos no sonaron.

Niño Lumpen creció y no encontró a quién contar cuál era su color favorito ni mostrar lo alto que podía saltar. Niño Lumpen se portaba mal. No era obediente. No era empático con sus pares. No aprendía bien y era un distractor para sus compañeros en clases. Sin duda una mala influencia. Niño Lumpen repitió de curso y repitió otra vez hasta que dejó de ir a la escuela.

El adolescente Lumpen creció antes que el resto. Fue independiente pronto y lo atrajo el camino fácil. Se deslumbró con la plata, las drogas, la calle. La marginalidad lo acogió. Ahí se sentía él mismo. No juzgado. Libre. La oscuridad, las esquinas, el asfalto fueron su hábitat. Delinquió pronto. Estuvo en Sename. Regresó a la calle. Se ocultó en las sombras. Fue y volvió varias veces.

Hoy ya es tarde para Lumpen. Hay una ciudadanía entera condenando sus actos. Y es cierto, su forma de expresión no es sana, es dañina, es violenta. Sus actos no deben quedar impunes. Y yo lo siento tanto, Lumpen, porque sé que naciste para ser amado, atendido y educado, pero no tuviste la suerte de tener una familia ni un país que lo hiciera.

Hoy ya es tarde para ti Lumpen. Yo, atemporal e imaginariamente, quisiera mecerte en mis brazos, desvelarme noches enteras cuidando tus sueños, mostrarte libros graciosos, explicarte por qué la luna cambia de formas, escuchar paciente tu llanto y consolarte con un beso. Llegué tarde para ti. Todos llegamos tarde para ti.

Por eso es urgente, por eso es inmediato detener la rueda de la injusticia y el egoísmo. Nuestra sociedad no puede seguir gestando, criando y formando más Lumpen. Queremos que todos los niños sean libres y felices, sanos e inteligentes, para que un día sea factible que actúen como tú esperas, como ciudadanos respetuosos y amantes de su prójimo.

Tags:

Deja tu comentario