Por Alejandro Sepúlveda Jara
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“En corto tiempo, el paisaje de la Región Metropolitana podría ser similar al del norte chico perdiendo valiosos servicios ecosistémicos”. Así de contundentes son las conclusiones que arroja el estudio que durante los últimos dos veranos (2018 y 2919) realizaron académicos de las universidades Católica y Mayor, quienes analizaron 78 parcelas de vegetación del Proyecto GEF Montaña ubicados en diversos puntos de la Región Metropolitana, tanto en las cordilleras de la costa como en la de Los Andes y también en los valles.

La sequía y el calor prolongado estarían provocando un serio daño en las especies del bosque central del país, como Quillay, Litre y Peumo. Estos son árboles de hoja perenne que durante el reciente verano comenzaron a perderlas. Según las mediciones de los expertos, el 70% del bosque esclerófilo (hojas pequeñas y duras) presenta algún grado de daño.

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“Muchos individuos arbóreos, normalmente de color verde, presentaban hojas en tonos rojo y café, lo que no es normal para el bosque esclerófilo, que es perenne”, afirma Cynnamon Dobbs, profesora asociada del Centro de Modelación y Monitoreo de Ecosistemas de la Universidad Mayor.

“Lo que estaría explicando este fenómeno sería la presencia de sequías prolongadas, sumado a las últimas olas de calor”, dice Marcelo Miranda, profesor del Departamento de Ecosistemas y Medio Ambiente de la Facultad de Ingeniería Forestal de la Universidad Católica. “Creemos que hay problemas de disponibilidad de agua que genera que los árboles caviten, es decir, que pierdan la posibilidad de transportar agua desde las raíces hacia la copa y viceversa, provocando una muerte completa del follaje de la vegetación por pérdida de clorofila”.

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Las mediciones señalan que los bosques densos son los más afectados. Más del 70% de los árboles estudiados presenta daño y un 15% de ese daño es considerado “muy alto”. El Quillay es una de las especies más perjudicadas con un 60% de daño “muy alto”, mientras que un 40% de las poblaciones de Litre también se ven afectadas con intensidad mayor.

“La importancia de estas observaciones es que uno tiende a pensar que estas especies son sumamente resistentes a las sequías, como lo han demostrado en el tiempo, pues son nativas de esta zona. Sin embargo, ahora están demostrando una respuesta distinta. Nuestra hipótesis es que, si bien están adaptadas a poca disponibilidad de agua, cuando se presentan estas altas temperaturas no logran resistir”, indica Dobbs.

“Ante el escenario de cambio climático que vivimos, urge hacer todos los esfuerzos necesarios para proteger, conservar y restaurar nuestro bosque esclerófilo. Debemos brindar a los ecosistemas condiciones que posibiliten su capacidad de hacer frente a la sequía y las alzas de temperatura. Nuestro país necesita ecosistemas sanos, y esta es una de las razones de apoyar proyectos como el GEF Montaña, que posibilitan la investigación en diferentes áreas para tomar medidas concretas, de forma responsable y realista”, señala la ministra de Medio Ambiente, Carolina Schmidt.

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“Si perdemos los Quillayes, que cubren con sus copas hasta los 12 metros de altura toda la estructura superior de nuestro bosque, este desaparecerá, así también si los Litres siguen secándose, desaparecerá el estrato medio que cubre hasta los 8 metros, ¿cuál es la dimensión de este problema? es lo que necesitamos seguir investigando”, anticipa Miranda.

Si se comprueba una progresión de pérdida masiva de este bosque, la Región Metropolitana completa podría volverse más desértica. “Vamos a ver un paisaje más ralo, menos denso, con menos presencia de bosque, más espinal y de menor altura, transformándose en un paisaje similar a lo que es la salida norte de Santiago”, concluye Cynnamon Dobbs.

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