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Como una tarea más, una profesora trasandina les pidió a sus alumnos que llevaran una pareja de piojos para la siguiente clase.

Como requisito y aumentando la dificultad de esta, uno tenía que estar pegado a un trozo de scotch o cinta adhesiva, y el otro tenía que estar vivo y encerrado en un frasco.

Según informa el sitio online de Publimetro, estos eran para experimentar en la clase de biología y tener más conocimiento sobre estos parásitos.

El peculiar encargo, sin embargo, se convirtió en viral luego que los padres de los menores no dieran crédito al deber encomendado.

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