Se sintió con fuerza en los últimos días, sobre todo en el centro sur del país. Se llama Viento Puelche, palabra de origen mapuche que significa “gente del este”. Y vaya que tiene sentido.

De acuerdo al jefe del Departamento de Meteorología de Chilevisión, Eduardo Sáez, se trata de “un viento que desciende de cordillera a mar por la ladera de la montaña, y en su descenso provoca pérdida de humedad en el ambiente y aumento de temperaturas. Está todo el año está presente hasta la zona central, pero durante el verano se desplaza hacia zonas más australes. Esto por el desplazamiento de las altas presiones hacia el sur”.

Así, durante la temporada estival, es posible ver imágenes como ésta, captada este martes en Panguipulli, región de Los Ríos.

Con temperaturas más elevadas y menor humedad, junto al aumento de las ráfagas de viento, se generan las condiciones ideales para la rápida propagación del fuego, lo que dificulta aún más la complicada labor de los brigadistas forestales. Tal como ocurrió la semana pasada en Chol Chol, Galvarino, Carahue y Nueva Imperial, en La Araucanía, donde el Viento Puelche fue clave en la expansión de las llamas.

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Un fenómeno que además tiene otros efectos. Los récord de temperatura alcanzados durante febrero en varias ciudades entre Los Lagos y Magallanes se explica en gran medida por la presencia del Puelche.

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Y no solo calor extremo. Las fuertes ráfagas provenientes de la cordillera han causados otros estragos a los habitantes del sur del país. El pasado 3 y 4 de febrero, el Viento Puelche levantó ceniza acumulada en la cordillera producto de la erupción del Cordón Caulle en 2012, llevándola al valle central y, de paso, tiñendo de gris los normalmente azules cielos de las provincias del Ranco, Osorno y Llanquihue

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