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El caso de los 12 niños atrapados en una cueva en Tailandia junto a un profesor ha llamado la atención de todo el mundo, tras permanecer dos semanas bajo tierra sin tener certeza sobre el resultado de su rescate.

Una terrible situación que Paisan Jupoh ha seguido desde la tranquilidad y seguridad de su casa, tras haber desistido de asistir a la excursión de sus compañeros, solo por supersticiones religiosas que, finalmente, los salvaron de haber sido una víctima más.

Su historia fu difundida por la cadena de televisión alemana DW, donde explican que la madre del pequeño, que profesa una religión que rinde culto a los ancestros, habría considerado peligroso que su hijo entrara al entramado de cuevas, ya que, según sus creencias, en el lugar viviría un espíritu maligno, por eso el niño tiene prohibido ingresar.

“Mi mejor amigo Than, está en la cueva. Es el más pequeño, pero es uno de los mejores jugadores. Lo extraño mucho. Me gustaría saber cómo está”, le dijo Paisan al reportero de la Deutsche Welle, según informó radio Bio Bio,

“Estoy muy contenta de que obedeciera. En general es un niño muy tranquilo y obediente que no da problemas. Estoy tan agradecida de no tener que preocuparme por él ahora”, comentó Aper Jupoh, madre del niño.

 

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