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El presidente de EE.UU., Donald Trump, comenzó este martes su visita a Puerto Rico, donde fue testigo de la devastación causada por el huracán María, fenómeno al que el mandatario restó importancia por el bajo número de víctimas y por no tratarse de “una catástrofe real”.

El viaje del presidente se ha visto envuelto en la polémica desde antes incluso de ser concebido puesto que, a diferencia de lo sucedido en Houston, ciudad a la que se acercó apenas un par de días después del paso del huracán Harvey, Trump se demoró casi tres semanas en llegar a Puerto Rico.

El mandatario, cuya visita duró solo horas, estuvo en Guaynabo, próximo a San Juan, que fue uno de los más afectados por la tormenta.

Pese a que el asunto de la ayuda del Gobierno federal tampoco ha estado exento de controversia estos últimos días, Trump no quiso rehuir el tema y volvió a insistir en el elevado coste que el paso del huracán va a suponer a las arcas de Washington.

Odio decírselo Puerto Rico, pero has despilfarrado nuestro presupuesto. Gastamos un montón de dinero en Puerto Rico y eso está bien, hemos salvado muchas vidas”, afirmó con cierta sorna el presidente.

Por otro lado, Trump también protagonizó una polémica al finalizar su visita, cuando lanzó toallas de papel a las víctimas del ciclón, una actitud que ha sido calificada como burlesca.

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